Monday, January 26, 2015

Termina la pesadilla griega por Paul Krugman

Enero 26, 2015
Alexis Tsipras, líder de la coalición izquierdista Syriza , está a punto de convertirse en primer ministro de Grecia. Será el primer líder Europeo elegido con una promesa explícita de desafiar las políticas de austeridad que han prevalecido desde 2010. Y habrá, por supuesto, muchas personas que le adviertan que abandone esa promesa, que se comporte de manera "responsable".
Así pues, ¿cómo ha funcionado esa cosa responsable hasta ahora?
Para entender el terremoto político en Grecia, que ayuda a mirar de Grecia 05 2010 "acuerdo stand-by" con el Fondo Monetario Internacional, en virtud del cual la llamada troika - el FMI, el Banco Central Europeo y el Comisión Europea - préstamos al país extendió a cambio de una combinación de austeridad y reforma. Es un documento notable, de la peor manera. La troika, mientras pretenden ser testarudos y realistas, fue vendiendo una fantasía económica. Y el pueblo griego han estado pagando el precio de esos delirios de élite.


Vea usted, las proyecciones económicas que acompañaron a la disposición de espera, supusieron que Grecia podría imponer duras medidas de austeridad con poco efecto sobre el crecimiento y el empleo. Grecia ya estaba en recesión cuando se alcanzó el acuerdo, pero las proyecciones supone que esta recesión terminaría pronto - que habría sólo una pequeña contracción en 2011, y que en 2012 Grecia estaría recuperando. El desempleo, las proyecciones concedieron, aumentaría sustancialmente, del 9.4 por ciento en 2009 a casi el 15 por ciento en 2012, pero entonces comenzaría bajando rápidamente.
Lo que realmente ocurrió fue una pesadilla económica y humana. Lejos de poner fin en 2011, la recesión griega cobró impulso. Grecia no tocó fondo sino hasta el año 2014, y en ese momento se había experimentado una depresión en toda regla, con un desempleo global ascendente a 28 por ciento y el desempleo juvenil llegando a casi el 60 por ciento. Y la recuperación en curso, tal como es, es apenas visible, que no ofrece posibilidad de volver a los estándares de vida anterior a la crisis en el futuro previsible.
¿Qué salió mal? Me encuentro bastante a menudo afirmaciones en el sentido de que Grecia no cumplió con sus promesas, que no pudo entregar los recortes de gastos prometidos. Nada podría estar más lejos de la verdad. En realidad, Grecia impuso recortes salvajes en los servicios públicos, los salarios de los trabajadores públicos y las prestaciones sociales. Gracias a nuevas oleadas repetidas de austeridad, el gasto público se redujo mucho más que el programa original preveía, y es en la actualidad alrededor del 20 por ciento más bajo de lo que era en 2010.
Sin embargo, los problemas de deuda de Grecia son si algo peor que antes del inicio del programa. Una de las razones es que la caída económica ha reducido los ingresos: El gobierno griego está recogiendo un porcentaje mucho más importante del PIB en impuestos de lo que solía, pero el PIB ha caído tan rápidamente que la recaudación tributaria general es hacia abajo. Por otra parte, la caída en el PIB ha causado un indicador fiscal clave, la razón de deuda sobre el PIB, para seguir subiendo a pesar de que el crecimiento de la deuda se ha reducido y Grecia recibido algún alivio de la deuda modesta en 2012.
¿Por qué eran las proyecciones originales tan salvajemente optimistas? Como ya he dicho, porque los funcionarios supuestamente tercos, estaban en realidad metido en la economía de la fantasía. Tanto la Comisión Europea y el Banco Central Europeo decidió creer en el hada de la confianza - es decir, con la reivindicación de que los efectos directos de empleo destructores de los recortes de gastos serían más que compensado por un aumento en el optimismo del sector privado. El FMI fue más cauto, pero no obstante, subestimó el daño que produciría la austeridad :.


Así está la cosa: Si la troika hubiera sido verdaderamente realista, habría reconocido que estaba exigiendo lo imposible. Dos años después de que comenzara el programa griego, el FMI buscó ejemplos históricos donde los programas de tipo griego, los intentos para pagar, la deuda a través de la austeridad, sin mayor alivio de la deuda o la inflación, había tenido éxito. No se encontró ninguna.
Así que ahora que el señor Tsipras ha ganado, y ganó en grande, los funcionarios europeos harían bien en guardarse las regaños exigiéndole: actuar con responsabilidad, y para ir junto con su programa. El hecho es que no tienen credibilidad; el programa que imponen a Grecia nunca tuvo sentido. No tenia posibilidad de funcionar.
En todo caso, el problema con los planes de Syriza puede ser que no son lo suficientemente radicales. Alivio de la deuda y una flexibilización de austeridad, reducirían el dolor económico, pero es dudoso que sean suficientes para producir una fuerte recuperación. Por otro lado, no está claro qué más puede hacer cualquier gobierno griego, a menos que este dispuesto a abandonar el euro, y el público griego no está preparado para eso.
Sin embargo, al pedir un cambio importante, el señor Tsipras es ser mucho más realista que los funcionarios que quieren que continúan las palizas hasta que aprendan. El resto de Europa le debe dar la oportunidad de poner fin a la pesadilla de su país titular:.

Una versión de este artículo de opinión aparece en la prensa el 26 de enero de 2015, en la página A21 de la edición de Nueva York con el  Poner fin a la pesadilla de Grecia.

Sunday, January 25, 2015

La Jornada: El petróleo: el ahorro, la deuda y la entrega

La Jornada: El petróleo: el ahorro, la deuda y la entrega:



"Al bajar el costo del petróleo, renglones caros que el gobierno iba a entregar a particulares y, en especial a trasnacionales, como las aguas profundas, las de fractura hidráulica y otros, ya no son costeables y entonces a las pobrecitas trasnacionales se les entrega lo que iba a hacer Pemex, como las aguas de baja profundidad, ya exploradas y probadas. Se rebaja el presupuesto a Pemex, no bajando los ingresos de altos funcionarios y el personal de confianza (¡cómo!), sino, entre otras cosas, en la inversión productiva. Como de todos modos pagan, nada más que ahora a cada trasnacional, se aumenta ampliamente el endeudamiento, especialmente en dólares y similares, como ya es costumbre."



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Saturday, January 24, 2015

Las normales rurales, un peligro para el sistema neoliberal, afirma historiadora

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Omar Pérez comentó que al entrar a la Normal Raúl Isidro Burgos entendió que los estudiantes deben cambiar las cosas que están mal en el paísFoto Paula Mónaco Felipe
Paula Mónaco Felipe
Especial para La Jornada
Periódico La Jornada
Sábado 24 de enero de 2015, p. 7
Tixtla, Gro.
Se levantaba al alba porque a las siete de la mañana ya tenía que estar trabajando en una construcción. A las dos de la tarde corría para la escuela y por la noche hacía sus tareas. En temporada de lluvias también sembraba maíz, sorgo, jitomate, chile y flor de cempasúchil.
Día con día, así transcurrió la infancia y adolescencia de Omar Pérez. De la misma forma crecieron sus ocho hermanos en Olinalá, en la región Montaña de Guerrero. Alládonde hay mucha pobreza y los niños andan descalzos, sintetiza.
No se queja. Incluso relata momentos de felicidad y armonía durante el trabajo conjunto en su familia, donde todos son albañiles y campesinos. Advierte además que en el estudio nunca bajó el rendimiento: “desde la primaria, si mi hermana me ganaba en alguna materia, yo me reponía en la otra y le ganaba. Cuando salimos de la prepa nuestro promedio fue muy bueno, de 9.5”.
Decidió estudiar para maestro primario bilingüe en la Escuela Normal Raúl Isidro Burgos por información que le llegó de boca en boca. Aplicado, no sufrió para pasar los exámenes de ingreso e incluso quedó entre los mejores calificados en el escalafón, en el lugar 18 de 100 admitidos.
Cuenta que mantuvo su buen desempeño durante todo el primer año y parte del segundo, que alcanzó a cursar antes de la desaparición forzada de 43 estudiantes, lo que provocó un paro que sigue vigente. Sin embargo, Omar destaca que el mayor aprendizaje del normalismo está más allá de los contenidos estudiados:antes pensaba que como estudiante tú sólo ibas, te preparabas, buscabas un trabajo y ya. Ahora en Ayotzinapa me di cuenta de que no sólo termina ahí; ser estudiante es llevar la batuta en muchas cosas, es querer hacer un cambio.
Eslabón de cambio
A sus 19 años, asegura que lo experimentado en este internado “me cambió en todo. Yo veía las noticias que decían ‘pasó esto’ y pensaba ‘es cierto’. Pero aquí vas siendo consciente de la realidad que vive el estado y de las atrocidades del gobierno, de tantas muertes de gente pobre que sólo lucha por un derecho, por sus tierras, por su agua y sus riquezas naturales.
Ves que el gobierno reprime, asesina y desaparece. Te das cuenta del sistema en que vives y de que nosotros, como estudiantes, deberíamos ser los que cambiaran esas cosas.
Omar Pérez es serio y habla con dulzura. Cuida cada término para expresarse con propiedad.
–¿Qué significa para ti poder estudiar, tener una carrera? –se le pregunta.
–Es un gran significado, quizás no tenga ni las palabras para decirlo.
Habla entonces de orgullo para su familia y respeto en su comunidad. Es que él y su hermana gemela, María de los Ángeles, son los únicos entre los suyos que han tenido acceso a la educación superior. Mi papá lamentablemente no pudo por falta de recursos económicos. No teníamos absolutamente nada y mis hermanos mayores empezaron a trabajar para poder comer frijoles refritos con aceite, porque antes no teníamos ni eso.
Gran parte de los estudiantes de Ayotzinapa viven una situación similar a la de Omar: son los primeros en su núcleo familiar –y a veces en redes más extendidas– en tener acceso a la enseñanza superior.
Es el caso de Cutberto Ortiz Ramos, uno de los 43 normalistas desaparecidos, dice su madre, María Araceli. En esa misma situación está Uriel Alonso Solís, alumno de segundo año. En mi familia se sienten orgullosos y alegres de tener un hijo estudiando, cuenta el muchacho de Xalpatlahuac, sobreviviente del 26 de septiembre. Explica: me gustaba sembrar, pero en el campo no hay manera de salir adelante. Lo que uno va logrando es para la comida.
Berta Nava, quien mantuvo a sus tres hijos con lo que obtenía por limpiar casas, cuenta con orgullo que su hijo Julio César Ramírez Nava –asesinado en Iguala– iba a romper el círculo. Yo aprendí a leer de grande. Como dijera Gerardo Reyes, un cantante, cuando se tiene hambre las letras no entran, hay que comer, hay que trabajar.
Christian Rodríguez Telumbre, también desaparecido, entró a la normal para ser el primer profesionista de su casa. Desde su bisabuela, nadie ha tenido un título, detalla su padre, Clemente Rodríguez. En mi familia hay mucha gente que no sabe leer. Nosotros venimos de Teposocla, una localidad de Chilapa, donde mucha gente no sabe leer. Si hay tres que han estudiado es mucho. Tengo una sobrina que terminó la telesecundaria, pero los demás no han tenido oportunidad.
Históricamente y en diversas sociedades, el estudio ha sido una herramienta de movilidad social. La esperanza de crecer, transformada en realidad, explica Tanalís Padilla, historiadora y profesora en la Universidad de Darmouth, en New Hampshire, Estados Unidos, quien fue entrevistada por este diario.
La educación representa una entrada al mundo del conocimiento. Parte de la lógica neoliberal es ser parte de una división internacional del trabajo: los que se educan son ricos y los que trabajan son pobres, señala la experta. Por esa razón, las normales rurales mexicanas sí son peligrosas.
Lo son porque son un proyecto social, van en contra de la lógica neoliberal que la clase en el poder ha impuesto en México desde los 80, y no son una institución remunerantiva para unos pocos. Son una inversión que hacen el Estado y los ciudadanos, que pagan impuestos, y en ese sentido contradicen al modelo neoliberal.
Pero también representan un “peligro porque los jóvenes no sólo se educan para ser maestros, sino que adquieren una concientización de lo que ocurre en el país. Viviendo en colectivo, aprenden la historia misma de las normales rurales y cómo fueron fundadas; entienden los proyectos sociales como el cardenismo, y entonces dicen: ‘el mundo no tiene que ser como está ahorita y nosotros tenemos derecho a la educación’. Al reivindicar ese derecho, al ser conscientes de su historia, no se les puede controlar”.


Monday, January 19, 2015

En la escena del crimen


La verdadera historia de estados unidos
Es la de sus pueblos indios
Hermann Bellinghausen
Al narrar la historia del subcontinente con el punto de vista de los pobladores originarios, Roxanne Dunbar-Ortiz redimensiona de manera radical la historia de Estados Unidos desde la perspectiva más insoportable, la más negada (“el relato oficial está equivocado no por sus hechos, fechas o detalles, sino en su esencia”); también la más real. Bien podríamos, ironiza, tender un cerco de cinta amarilla alrededor de todas sus fronteras para investigar la escena del crimen. Con severidad y rigor, la historiadora funge como detective de un caso aparantemente “frío” y sigue los rastros de sangre, que son miles y aparecen por donde uno rasque. Pone nombre y apellido a los asesinos (aventureros, militares, presidentes, predicadores). En Una historia de Estados Unidos de los pueblos indios (An Indigenous People’s History of the United States, Beacon Press, 2014), documenta a qué grado dicho país fue fundado y construido por auténticos indian killers; los que no fueron autores materiales lo fueron intelectuales, en Washington o donde fuera. El resto de los colonos y ciudadanos resultaron beneficiarios directos del despojo, el exilio, la tortura y el exterminio de los pueblos originarios que poblaban a sus anchas praderas, montañas, costas y desiertos en el pródigo norte que hoy ocupan Estados Unidos y Canadá.
“Los derechos indígenas dentro de los tratados firmados por Estados Unidos conservan un estatus válido hasta la actualidad... Con buena parte de los territorios y recursos de las Naciones indias enajenados mediante una guerra agresiva, un auténtico robo, y con sucesivas apropiaciones legislativas, los pueblos nativos tienen hoy amplios reclamos de reparación y restitución”:
Roxanne Dunbar-Ortiz
Las calles, las ciudades, las plazas, los billetes, los discursos patrióticos están abrumadoramente dedicados a la memoria de generales y políticos que mintieron, traicionaron, engañaron, persiguieron y aniquilaron por millones a los hombres y mujeres que iban encontrando a su paso de la costa atlántica a la pacífica, en lo que llamaron “la conquista del Oeste”. La construcción épica de los hechos ha sepultado la verdad: aquella fue la experiencia de colonización más brutal y vasta jamás emprendida por seres humanos, que se consideraban racionales, bajo el subterfugio de presumirse “superiores”, distinguidos por Dios mismo con derechos ilimitados y un destino manifiesto. Dunbar-Ortiz deja claro que la experiencia de los indian killers provenía de los exterminios de musulmanes y judíos en España, y en particular el de irlandeses en Gran Bretaña por parte de mercenarios “escoceses-irlandeses” empujados por Inglaterra para adueñarse de Irlanda; estos mismos conformarían los primeros grupos colonizadores de América del Norte y marcarían la senda y el método. No aprendieron a arrancar cabelleras en el “nuevo mundo”, los enviaron al continente porque ya sabían hacerlo.
“La historia de Estados Unidos es una historia de ocupación colonial; el Estado fundacional se basa en la ideología de una supremacía blanca, la práctica extendida de la esclavitud de africanos, y una política sostenida de genocidio y robo de tierras. Quien busque una historia con final optimista, de redención y reconciliación, puede mirar alrededor y observar que una conclusión así no es posible, ni siquiera en los sueños utópicos de una sociedad mejor”.
Una de las características más notables (y abominables) de la civilización capitalista, encarnada quintaescencialmente en Estados Unidos, es su abismal capacidad de olvido. En el resto del mundo es del dominio público, casi lugar común, el hecho de que la actual Unión Americana se fundó sobre una masacre histórica que duró más de dos siglos. Esa cadena fríamente calculada de “guerras indias” que desde la colonización británica asolaron al “continente” del norte, convierte a dicho país en la escena del crimen masivo más atroz: el exterminio deliberado de cientos de naciones y tribus, una entera civilización, distinta y no menos humanista que la de los invasores. Pueblos con frecuencia más sutiles y sabios, a la manera oriental. Culturas preñadas de significados que las burdas y codiciosas mentes europeas fueron incapaces de comprender, ni se interesaron.

Noé Yacupicio, con instrumentos de la Pascola. Territorio mayo-yoreme, Sonora. Foto: Jerónimo Palomares
Gore Vidal expresaba en alguna entrevista que la principal característica estadunidense es la negación automática de los hechos incómodos para sólo mirar adelante. “Llega el lunes y todo lo que hicimos la semana anterior queda en el olvido”. Aquí se trata de un pasado inconfesable, aunque haya tenido sus fisuras este pacto nacional de olvido. El fenómeno editorial que desató en 1971 el descorazonador recuento Entierra mi corazón en Wounded Knee, de Dee Brown, alcanzó los cuatro millones de copias. ¿Despertó cuatro millones de memorias? No fueron suficientes. Quedaba más cerca del fatalismo estilo La visión de los vencidos de Miguel León Portilla, digamos que de la combativa y revitalizadora historia que ofrece ahora Dunbar-Ortiz.
Casi nadie se salva, ni siquiera Vidal, del bisturí de Dunbar-Ortiz, quien desde la primera página deja claro de qué habla. Su libro debate incluso con el pensamiento progresista, que tampoco está a salvo del olvido y la negación del colonialismo que define la esencia misma de Estados Unidos; no accede a la conciencia de que, más allá del pasado esclavista y el racismo contra la población negra y las “minorías”, el mayor pecado de ese país de fanáticos cimientos calvinistas es lo que sus antepasados hicieron con los indios (ellos lo siguen haciendo con leyes y políticas, y la reticente magnanimidad que se concede a los vencidos). De origen fue muy fácil: los indios nunca fueron ciudadanos, nunca tuvieron derechos. Sólo se les reconocerían algunos cuando el despojo quedó consumado. Fueron señalados simpatizantes y propagandistas del genocidio autores como James Fenimore Cooper y Walt Withman, pero hasta nuestros queridos Woody Guthrie (“Esta tierra es mi tierra”) y Howard Zinn resultan aquejados del Alzheimer nacional.
El título ya alude al admirable trabajo de Zinn A Peoples’ History of the United States(1980), torpemente llamado en castellano La otra historia de Estados Unidos. Maestro y amigo de Dunbar-Ortiz, no por ello deja Zinn de participar en el olvido; a ese pasado colonial, tan determinante, no le otorga mucha importancia, en un implícito “lo caido caido” del que tampoco se salvan la izquierda tradicional, los hijos de Acuario, los defensores de los derechos civiles, la generación beat ni los new age. En México, José Agustín señala que mientras los jipitecas nacionales se identificaron con el pasado indígena y las prácticas espirituales vivas, los hippies del norte nunca miraron hacia sus pueblos indios.
Nada de eso quita que Estados Unidos, la “tierra de los libres”, sea de raíz un país mal habido, de la peor de las maneras. Sí, todo empieza con Cristóbal Colón y el rosario de incontables crímenes coloniales que despoblaron el Caribe y están en el origen de todas las naciones americanas modernas. Lo relevante del libro de Dunbar-Ortiz es que sistematiza, por primera vez, la ruta completa de esa destrucción en Estados Unidos. ¿Qué importancia tiene hoy? ¿Mero examen colectivo de conciencia? ¿Denuncia retrospectiva como las del Holocausto judío, la locura de los Jemeres Rojos, el descontrol salvaje en la antigua Yugoslavia o cosas así? No, Dunbar-Ortiz es demasiado sagaz, y su compromiso no es sólo ético. Está en su experiencia la defensa de los territorios y los derechos vigentes de las naciones indias que viven actualmente dentro del país que les arrebató todo. En obras anteriores comoRaíz de la resistencia: la tenencia de tierras en Nuevo México (1980) y sobre todo La gran nación sioux (1977), presta un servicio histórico-legal a los pueblos despojados. Él segundo fue un documento fundamental para la primera Conferencia de los Pueblos Indígenas de América en la sede de las Naciones Unidas en Ginebra, y la influencia de sus ideas alcanzó la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, que la ONU por fin logró parir en 2007.

Juan Murrieta territorio mayo-yoreme, Sonora.
Foto: Jerónimo Palomares
Así, Una historia de Estados Unidos de los pueblos indígenas no queda en el responso por los indios muertos y los búfalos aniquilados. Se trata de una herramienta de lucha y reivindicación objetiva para los 554 pueblos vivos en sus 310 reservaciones, una población cercana los cuatro millones de personas. El relato, exhaustivo en apenas 230 páginas, resulta fascinante y sobrecogedor, mueve a la indignación y abona la simpatía por esos pueblos sabios y libres que cayeron doblegados con crueldad “iluminada” de los blancos. Registra las fuentes más sólidas para demostrar la uniformidad sistemática en las políticas expoliadoras y genocidas de los gobiernos estadunidenses. Todo, para fundamentar que los derechos de los pueblos indios siguen vigentes, al igual que los más de cien tratados que el Estado firmó con dichos pueblos sin la más mínima intención de cumplirlos.
Una historia... no está escrito en clave de derechos humanos como haría una ONG, sino de derechos históricos, territoriales, culturales (en paralelo con la que Guillermo Bonfil llamaba “la civilización negada” de Mesoamérica). La historiadora discute la “doctrina del descubrimiento”, todavía vigente en Estados Unidos, por más que en Latinoamérica haya perdido toda credibilidad tras el fallido “Quinto Centenario” celebrado por la corona española y los gobiernos nacionales en 1992. No obstante, Dunbar-Ortiz ve “disolverse” esta doctrina en Norteamérica “a la luz de profundos actos de soberanía” ejecutados por los pueblos indios contemporáneos. En términos mexicanos, el libro equivale a la exigencia de cumplir muchas decenas de Acuerdos de San Andrés. “Que sobrevivan los pueblos roba el aliento, pero no es un milagro”, reconoce la autora. Más allá de la desesperación, no han dejado de resistir como pueblos verdaderos que ya no quieren renunciar a su futuro.
Otro asunto grave emerge en esta obra. El modus operandi del arrasamiento norteamericano prefigura, al detalle, las políticas imperialistas y contrainsurgentes de Estados Unidos (Filipinas, Vietnam, Irak y Afganistán ya fueron indian country, y el terrorista Osama Bin Laden era “Gerónimo” para el Pentágono). En algún momento, la historiadora describe la abusiva anexión de la mitad de México como una “guerra india” más. Para colmo, el método yanqui inspiró las políticas de dominación y apartheid en Australia, Sudáfrica e Israel (los dos últimos países nacieron casi al  mismo tiempo, en 1948). La muy estadunidense ausencia de sentimientos de culpa la repiten hoy los israelíes todos los días. Los bloqueos y los ilegales asentamientos en Palestina, siempre apoyados por Washington, materializan una extensión a modo de su “doctrina” del “derecho divino” al despojo. La Constitución estadunidense habría sido dada por Dios, así como se promueven los presuntos derechos de Israel para ocupar su “tierra prometida” en el Oriente Medio, en detrimento de los “no ciudadanos” que la pueblan ancestralmente. Una voluntad militar, teocrática y supremacista alimenta ambas experiencias coloniales. Por eso Israel y Estados Unidos son tan descaradamente compadres.
La argumentación de Dunbar-Ortiz desemboca en el renacimiento del movimiento indígena a partir de la década de 1970, la creación del American Indian Movement (AIM), y con el tiempo, la reactivación de las exigencias territoriales, económicas y de autonomía de las naciones indígenas. Las traiciones del pasado determinan las estrategias del presente de manera objetiva y legal, en plenitud justiciera.
No estamos ante un panfleto inflamatorio o romántico, sino un documento basado en hechos. Escueto, amplio, bien documentado, es mucho menos ideológico que las motivaciones, justificaciones y falsificaciones que sostienen la historia oficial; en el libro hablan los invasores a través de sus actos y de sus propias palabras: ellos inventaron, y no los nazis, la limpieza étnica a gran escala. Dentro de lo irreversible del genocidio ya ocurrido, la obra aspira a cuando menos servir de espejo para una nación incapaz de mirar de frente su propio pasado y decirse la verdad sobre sus “padres fundadores”, sus “héroes” y su propio patriotismo.
“La ausencia de la más mínima nota de arrepentimiento o tragedia en las celebraciones anuales de la Independencia revela una profunda desconexión en la conciencia de los estadunidenses”. El provincialismo y el chauvinismo de los historiadores “dificulta una revisión efectiva, con autoridad reconocida”, admite Dunbar-Ortiz.
Más allá de la denuncia, este volumen legitima a los pueblos actuales y redignifica su pasado. El capítulo inicial, “En la senda del maíz”, plantea la existencia en la Norteamérica precolombina de una civilización diversa, plural y democrática, tan avanzada como las de Meso y Sudamérica. No simples cazadores-recolectores neolíticos ni bandas dispersas. Agricultores sofisticados, artistas, gobernantes. “En 1492 América del Norte no era una tierra virgen sino una red de naciones: los pueblos del maíz”, que en el siglo XXI permanecen colonizados por una nación que los niega desvergonzadamente.

Sunday, January 18, 2015

La Jornada: Alianza electoral de izquierdas en Grecia y España: ¿ganarán?

La Jornada: Alianza electoral de izquierdas en Grecia y España: ¿ganarán?:



 "En Grecia siguen los crecientes préstamos y decrecientes números de empleos e ingresos de la mayoría de la población. La situación de la mayoría ya es desesperada, y cada nuevo crédito tiene sus condiciones y éstas implican más hundimiento de la mayoría. Ellos, en ese país y en los que lo tienen ahorcado, sí se promueven como promotores de la austeridad. No como aquí, que obedientemente la ponen en práctica pero, en vez de reconocerse como sus antecesores de la austeridad, hacen sus propios discursos."



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Sunday, January 11, 2015

La Jornada: Suecia: de las 7 a las 6 horas de trabajo

La Jornada: Suecia: de las 7 a las 6 horas de trabajo:



"La social democracia escandinava había impulsado la jornada de siete horas para el trabajo, y en Suecia ya era una realidad, con mucho éxito en cuanto a la productividad. Pero desde abril pasado, empezaron las pruebas con sectores o centros de trabajo, de la jornada de seis horas."



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Sunday, January 4, 2015