Tuesday, January 31, 2017

Trump enfrenta disidencia en las calles, en su gobierno y en su partido

Destituida, la procuradora general, luego de que puso en duda legalidad de la orden ejecutiva
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Reince Priebus, jefe de gabinete de la Casa Blanca (a la izquierda), y Jared Kushner, jefe de asesores y yerno de Donald Trump, ayer al llegar a un encuentro con grandes empresarios en el salón Roosevelt de la residencia oficialFoto Ap
David Brooks
Corresponsal
Periódico La Jornada
Martes 31 de enero de 2017, p. 21
Nueva York.
Decenas de miles en las calles del país y un amotinamiento diplomático están entre las expresiones de disidencia creciente dentro del gobierno, y hasta el ex presidente del país enfrenta a la presidencia de Donald Trump sobre sus decisiones antimigrantes, el cual en sólo una semana –tiempo récord– ha logrado la desaprobación de la mayoría de la ciudadanía estadunidense.
El movimiento de resistencia contra las medidas antimigrantes y el cierre de fronteras contra refugiados y ciudadanos de siete países musulmanes, que se multiplica por todo el país con el lema No ban, no wallse alimenta de una multitud de organizaciones de inmigrantes, la comunidad musulmana y aliados en defensa de derechos civiles y constitucionales que inundaron calles y aeropuertos durante los últimos días.
Junto con la rápida movilización civil estalló una creciente ola de disidencia dentro del gobierno y del propio partido de Trump, que ha asombrado hasta a los observadores más veteranos de la política en este país.
En lo que es una especie de amotinamiento dentro del Departamento de Estado, más de cien diplomáticos de carrera están firmando (algunas versiones dicen que son cientos) un borrador de memorando que reprueba las medidas de la orden ejecutiva emitida por Trump el pasado viernes, no sólo porque no funcionarán, sino porque son contrarias a valores estadunidenses centrales de la no discriminación, trato justo y ofrecer una bienvenida a visitantes extranjeros e inmigrantes.
Trump descartó las quejas por medio de tuits, como es su costumbre. Primero insistió en que su orden no era una prohibición contra musulmanes (algo considerado ilegal), después afirmó que el caos desatado en aeropuertos, cuando oficiales de aduanas y migración intentaron aplicar la orden ejecutiva, no tenía nada que ver con las instrucciones oficiales, sino que era producto de un problema con computadoras de una aerolínea (algo que sucedió el domingo por la noche), manifestaciones y mentiras en los medios.
Él y sus promotores argumentan que la prohibición es necesaria para prevenir atentados terroristas. Trump por tuit defendió la implementación inmediata de su orden, ya que hay muchos malos tipos allá afuera. Su vocero Spicer comentó: No se sabe cuándo llegará el próximo atentado y por lo tanto hay que actuar antes, y afirmó que el sistema de verdad funcionó muy bien.
Pero la respuesta de la Casa Blanca a la disidencia diplomática fue más agresiva. Su vocero Sean Spicer advirtió que si los funcionarios de carrera tienen un problema con la orden, deben sumarse al programa o pueden irse.
Vale señalar que inmigrantes de esos siete países (Irán, Irak, Siria, Sudán, Libia, Somalia y Yemen) no han sido responsables de atentados terroristas en Estados Unidos, mientras países como Arabia Saudita, cuyos ciudadanos sí lo han sido, no aparecen en la lista.
Batallas legales
Mientras tanto, hoy se presentó la primera demanda legal para anular la prohibición de ingreso de personas de los siete países, por el procurador general Bob Ferguson, del estado de Washington, uno de los procuradores generales de 16 estados que declararon que procederán para anular las órdenes por considerarlas ilegales. Si prospera la demanda, podría invalidar la orden ejecutiva a nivel nacional, dijo Ferguson, quien agregó que el presidente no se está apegando a la Constitución en el caso de esta orden ejecutiva.
La demanda goza del apoyo de dos empresas influyentes, Amazon y Expedia, con sedes en ese estado. De hecho, varias de las principales firmas del sector tecnológico se han expresado en contra de estas órdenes y medidas durante los últimos días, incluida Google, la cual creó un fondo de 4 millones para beneficiar a la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU) y organizaciones defensoras de refugiados.
El ejecutivo en jefe de Apple declaró que su empresa no existiría sin la inmigración, y así otros directores.
El Consejo sobre Relaciones Estadunidenses-Islámicas (CAIR) también presentó una demanda legal ante tribunales para anular la orden, con el argumento de que su propósito es iniciar la expulsión masiva de inmigrantes y no inmigrantes musulmanes que residen legalmente en Estados Unidos.
En un hecho inusual, Sally Yates, procuradora general de Justicia en funciones, hasta que sea ratificado (posiblemente este martes) Jeff Sessions, nombrado por Trump para ese puesto, declaró la noche de este lunes que ordenó que el Departamento de Justicia bajo su mando no defienda la orden ejecutiva del presidente, ya que no estoy convencida de que sea legal (ella fue nombrada por Barack Obama). Poco más tarde, Trump ordenó destituirla.
Los jubilados
El ex presidente Obama, rompiendo con la tradición de los ex gobernantes de no comentar públicamente sobre las políticas de su sucesor, y en su primer mensaje desde que dejó la Casa Blanca hace 10 días, respaldó las protestas en todo el país contra la orden ejecutiva. Por medio de su vocero, Kevin Lewis, declaró que tenía un desacuerdo fundamental con la noción de discriminar a individuos por su fe o religión, que estaba alentado por el nivel de participación en las comunidades del país y agregó que ciudadanos que ejercen su derecho constitucional de asamblea, de organizarse y de ser escuchados por sus gobernantes electos es justo lo que esperamos ver cuando los valores estadunidenses están en juego.
Por otro lado, este lunes fue difundida una carta abierta firmada por más de 100 ex altos funcionarios de administraciones demócratas y republicanas –entre los firmantes están la ex secretaria de Estado Madeleine Albright y el ex director de la CIA Michael Hayden–, en la cual apremian al presidente a anular su orden ejecutiva contra migrantes y refugiados por ser “inhumana, innecesaria y contraproducente….”
Mas allá de las protestas y denuncias esperadas de líderes demócratas –legisladores federales, gobernadores y alcaldes–, son los brotes de disidencia dentro del partido de Trump los que resaltan las fisuras en la cúpula política del país.
La red política ultraconservadora más poderosa del país, encabezada por los hermanos multimillonarios Charles y David Koch, se expresó por primera vez en esta presidencia con una crítica a las medidas. Brian Hooks, uno de su representantes, declaró que la prohibición es una vía equivocada y subrayó que dar la bienvenida a gente de todas culturas es algo histórico y es central para las sociedades libres y abiertas. El año pasado, Charles Koch había calificado la propuesta de una prohibición a musulmanes de algo parecido a la Alemania nazi, reportó el Washington Post.
Varios líderes republicanos, entre ellos los senadores federales John McCain, Jeff Flake y Lindsey Graham, cuestionaron o rechazaron (algunos más severamente que otros) la orden contra personas procedentes de siete países de población mayoritariamente musulmana.
Nuevo récord de desaprobación
Voces del mundo deportivo se sumaron al coro de condenas. Steve Kerr, técnico del equipo profesional de basquetbol Golden State Warriors, recordó que su padre fue asesinado en un atentado terrorista en Beirut cuando era rector de la Universidad Americana ahí, y como familiar de una víctima se oponía las medidas de Trump, ya que van “en contra de los principios de nuestro país… y está generando temor”. Su contraparte, Greg Popovich, de los Spurs de San Antonio, también repudió la orden.
Michael Bradley, técnico de la selección de futbol de Estados Unidos, afirmó en Instagram que la prohibición contra musulmanes es sólo el ejemplo más reciente de alguien que no podría estar más fuera de contacto con nuestro país y la forma correcta de proceder.
Una semana después de tomar posesión de la Casa Blanca, Trump generó la desaprobación de la mayoría (51 por ciento) de la ciudadanía, según Gallup, y estableció un récord en alcanzar tal distinción. Bush hijo tardó mil 205 días en lograrlo, Obama 936, Clinton 573; Trump… 8.

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