Wednesday, February 22, 2017

La provincialización de Estados Unidos

Claudio Lomnitz
S
e que me van a decir que Estados Unidos siempre fue provinciano. No les falta razón. Recuerdo que hace unos años, cuando concluían las negociaciones de paz en El Salvador y Guatemala, a una socióloga de la Universidad de Chicago se lo ocurrió preguntar, tras pedir una serie de opiniones acerca de la política exterior estadunidense, si los encuestados sabían dónde estaba Centroamérica (en inglés: Central America) y, caso afirmativo, que explicaran dónde está. Todos los encuestados sabían donde estaba, claro: América central está en el centro de “ América”: Kansas, Misuri, Indiana... todo aquello. ¿Quién no lo sabe?
La imagen de los años cincuentas del ugly American, del estadunidense feo, surge de la combinación de poder económico e ignorancia que exudaba el turista estadunidense cuando se paseaba en sus tours por una Europa empobrecida por las guerras mundiales. Fue quizá en referencia a la misma relación entre prepotencia e ignorancia que George Bernard Shaw dijo que Estados Unidos ha sido el único país que ha transitado directamente de la barbarie a la decadencia, sin haber pasado por la civilización. La imagen de Estados Unidos como un país de ignorantes es bien conocida.
Sin embargo, lo cierto es que el medio siglo que ha pasado de la guerra de Vietnam para acá ha marcado también un proceso civilizatorio y de sofisticación intensa para Estados Unidos. Esto se ha manifestado en tantos niveles y aspectos, que es imposible enumerarlos; la sofisticación creciente se ha notado desde un creciente nivel de alfabetismo respecto de la política mundial hasta en los gustos culinarios, pasando por la apertura a nuevos deportes que vienen de afuera, como el futbol, una mayor apertura hacia autores extranjeros, etcétera. En el país que yo conocí de niño, en los años sesenta, nadie comía chile ni se tomaba un café que no fuera americano. Si saludabas de abrazo o de beso provocabas gran nerviosismo. La gente estaba toda convencida de que en México no había luz eléctrica ni se conocía el automóvil. Poco a poco, eso sí, Estados Unidos fue siguiendo los pasos que antes habían recorrido las potencias como Inglaterra y Francia. El país se fue sofisticando, educando, y haciéndose cosmopolita. Eso hasta ahora, claro. La presidencia de Donald Trump le ha puesto freno al cosmopolitanismo estadunidense, y ahora ondea de nuevo el provincianismo más cerrado, como si fuese motivo de gran orgullo.
Así, el pasado sábado, hablando de los horrores del terrorismo en el mundo, para con ellos anunciar la política de deportaciones y controles fronterizos que se viene, el presidente de Estados Unidos pidió a su público que pensara en el increíble ataque terrorista que había acontecido el día anterior en Suecia. El público rugió su aprobación, claro está, indignado por los abominables hechos que refería su presidente, sólo que la noche anterior no había sucedido nada en Suecia (para variar). Extrañada por la noticia, Caterina Axelsson, vocera de Relaciones Exteriores de Suecia, pidió información a su contraparte estadunidense. ¿Cuál ataque terrorista? ¿Quizá la CIA se habría enterado de algo que nadie sabía en Suecia? Las redes sociales suecas comenzaron a divertirse, circulando imágenes bucólicas de casas cubiertas de nieve y rodeadas de paz: Last night in Sweden. Otra cibernauta tuiteó: La organización terrorista Al-IKEA se responsabilizó de los ataques que hubo anoche en Suecia. Otro meme presentaba un platillo lleno de albóndigas, con banderita sueca de papel, que rezaba: Antes del ataque terrorista, seguida de una foto del mismo plato, ya sin las albóndigas, con el letrero: Después del ataque. Etcétera.
La prensa se puso a especular acerca del posible origen de la información que manejó Trump en su discurso, y The Guardian dedujo que el presidente habría confundido a Suecia (Sweden, en inglés) con Sehwan (Paquistán), donde hubo efectivamente un ataque terrorista la semana pasada. Suecia... Sehwan... ¿Qué más da? A los seguidores de Trump la diferencia los tiene sin cuidado. Al contrario, están felices. En lugar de tener que soportar que un negro les dé cátedra de geografía, de historia o de cultura, ahora tienen por fin a uno de los suyos.
Lo malo es que el mundo ya no está acostumbrado a que el presidente de Estados Unidos no tenga ni la más zorra idea. Antes de dejar la presidencia, sabiendo lo delicado que se había puesto el tema migratorio durante las elecciones, Barack y Michelle Obama escogieron señalar su solidaridad con la comunidad mexicana dándose cita para una cena romántica en Cosme, el restaurante neoyorquino del innovador chef mexicano Enrique Olvera. En cambio, cuando Trump quiso hacer su demostración de cuánto ama a los mexicanos escogió fotografiarse comiendo un Taco Salad, que es un menjurje que pasará por mexicano, menos entre los mexicanos.
El mundo está acostumbrado a pensar que el gobierno de Estados Unidos sabe de lo que está hablando. Esa premisa hay que revisarla ya. La filosofía imperante es y será que el presidente del país más poderoso del mundo es tan poderoso, que puede ser exactamente lo ignorante que quiere ser. La derrota de Vietnam ha sido olvidada, a cambio de una imagen de poder presidencial infinito.
México debe prepararse para eso. Habrá deportaciones y todos los deportados serán bad hombres, por definición. Los migrantes serán todos criminales, por definición. ¿Por qué? Porque lo dice el señor.

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