Thursday, September 13, 2018

La destrucción del sistema público de salud en Argentina

Asa Cristina Laurell
D
urante los meses pasados se ha desarrollado una vertiginosa crisis financiera, social y política en Argentina, que está afectando gravemente al sector salud.
Esta crisis tiene su origen en las medidas de reconversión neoliberal de la sociedad argentina bajo el gobierno de Mauricio Macri. Se agudizó con la especulación contra el peso argentino que el gobierno está tratando de contrarestar recurriendo al Fondo Monetario Internacional (FMI) para recibir un préstamo puente a fin de evitar un nuevo default y frenar la inflación acelerada, intento que muchos consideran fracasado de entrada.
Como de costumbre, el préstamo puente está condicionado a la aplicación de múltiples medidas de ajuste. Una de ellas toca de forma directa a la salud, particularmente a las instituciones públicas. En días pasados el gobierno de Macri desapareció al Ministerio de Salud y lo subordinó al Ministerio de Desarrollo Social, además lo convirtió en la Secretaría de Salud, que en el vocabulario argentino corresponde a un subsecretaría mexicana. En la lógica de los ajustes neoliberales se justificaría porque la salud es vista como un componente del combate a la pobreza y el Estado sólo debe hacerse cargo de algunas medidas focalizadas en los pobres, mientras el resto de la atención a la salud debería financiarse por seguros, sean éstos de las Obras Sociales (seguro social laboral) o privados prepaga.
La medida ha provocado indignación y un amplio rechazo por parte de los ministerios de salud provinciales (correspondientes a los estatales en México) y de los trabajadores de la salud. Es de recordar que Argentina fue pionero al establecer un ministerio de salud en 1949 con la perspectiva de garantizar esa prestación como un derecho social fundamental de todos los argentinos. Con esta visión el ministerio se hacía cargo tanto de las acciones de salud pública como de la atención médica. Es significativo que el Ministerio de Salud sólo se ha suprimido durante las dictaduras.
El sistema argentino es, al igual que el mexicano, segmentado y descentralizado. La gran diferencia es que la seguridad social laboral está en manos de las Obras Sociales de los sindicatos y no hay institutos públicos de seguridad social. El sistema público es, como en México, descentralizado a las provincias (estados), pero el ministerio nacional tiene la rectoría sobre todo del Sistema Nacional de Salud, o sea regula, coordina y articula los sistemas provinciales, las Obras Sociales y el sector privado. Tiene un papel central respecto de las acciones de salud pública y ha tomado medidas importantes para asegurar la atención de 50 por ciento de la población que no pertenece a una Obra Social o no cuenta con un seguro de prepaga. Esta parte de la población va, además, en rápido aumento debido al cierre de empresas y despidos masivos en el sector público. Es de destacar que en el gobierno de Cristina Fernández se hicieron cambios muy importantes a la Ley de Salud Mental y se dio un impulso importante a la producción nacional y pública de medicamentos.
La eliminación del Ministerio de Salud fue antecedido por la promoción de una política de cobertura universal de salud muy semejante al Seguro Popular mexicano. Esta política pretendía reducir la prestación pública de servicios y disminuir los derechos de la población sin otro tipo de seguro. En este contexto es importante recordar que algunas de las Obras Sociales más importantes desde hace tiempo contratan servicios médicos privados para sus afiliados, situación que involucra altas ganancias y no poca corrupción.
Con la desaparición del Ministerio de Salud el proceso de privatización con alta probabilidad se acelerará y será menos regulado y supervisado. Simultáneamente un número creciente de argentinos no accederá a los servicios necesarios. Los expertos de salud pública están advirtiendo que es probable que el debilitamiento de las acciones de salud pública propulsará epidemias difíciles de controlar y repercutirá en el empeoramiento de las condiciones de salud de la población.
En estas circunstancias la crisis argentina adquiere su expresión social y con certeza política.

Sunday, August 26, 2018

Los que apuestan al fracaso de AMLO

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Quienes antes se preocupaban por las constantes críticas y descalificaciones de la sociedad civil a las instituciones gubernamentales, hoy, de repente, se angustian por las hipotéticas expectativas “demasiado altas” en torno al gobierno de Andrés Manuel López Obrador, que se iniciará el próximo 1 de diciembre.
Las mismas voces que antes se regocijaban por el éxito de nuestra fantasiosa “transición democrática” a partir de la alternancia entre el PRI y el PAN, hoy se preocupan por un presunto retorno al autoritarismo inmediatamente después de la elección presidencial del pasado 1 de julio, la más democrática en décadas. 
Las mismas plumas que antes defendían a los gobiernos de Carlos Salinas y Ernesto Zedillo, e inflaban las expectativas en las “reformas estructurales” de Enrique Peña Nieto, ahora atacan ferozmente a López Obrador por su supuesto priismo.
Estas aparentes contradicciones en realidad no lo son. Cada una de estas posiciones buscan un mismo objetivo: la desmovilización social y la pasividad ciudadana. 
El mito de la transición democrática tenía el propósito de convencer a los mexicanos de que habíamos llegado al “fin de la historia” y que ya no valía la pena “luchar” por una transformación política de fondo, sino que habría que confiar en que la nueva “institucionalidad democrática” fuera resolviendo por sí sola los grandes problemas nacionales.
De la misma manera, las preocupaciones actuales con respecto a las altas expectativas en el próximo gobierno son en realidad angustias sobre la gran fuerza que podría llegar a tener la ciudadanía en la defensa de sus derechos.
Cuando un pueblo se llena de esperanza e ideas utópicas se vuelve más exigente y es mucho más difícil de controlar desde el Estado y los mercados financieros. Pero cuando los ciudadanos moderan sus expectativas suelen aceptar más fácilmente resultados mediocres sin protestar o generar olas en la esfera política.
Una encuesta reciente publicada por El Universal (véase: https://bit.ly/2OD6DWN) demuestra que 64.5% de la población cree que López Obrador “cumplirá con sus promesas de campaña” y 69% está convencido de que “México mejorará” durante el próximo sexenio. La misma fuente revela que si se repitieran las elecciones presidenciales López Obrador volvería a ganar con 60% de la votación, mientras que Ricardo Anaya sólo obtendría 11%. La encuesta ni siquiera reporta el porcentaje –minúsculo, sin duda– que recibiría José Antonio Meade. 
Los comentócratas del viejo régimen le apuestan al fracaso del gobierno de López Obrador. Quieren que incumpla sus promesas y decepcione a sus seguidores, para dar pie a un desánimo generalizado que obligue a la ciudadanía a aceptar su derrota en materia política y así permitir un retorno de terciopelo al viejo neoliberalismo autoritario de siempre.
La enorme esperanza por la llegada de López Obrador es un peligro para este proyecto de desánimo y pasividad social porque es precisamente lo que necesita el nuevo presidente para romper con las cadenas de la simulación institucional y el servilismo global a que nos han malacostumbrado los gobiernos del PRIAN. 
Ahora bien, las erradas teorías con respecto a la supuesta continuidad del régimen priista con López Obrador tienen el mismo fin de generar pesimismo y desmovilización. De acuerdo con este punto de vista, la Cuarta República se reduciría a ser apenas una cuarta transformación del viejo régimen del partido de Estado, iniciado con la creación del PNR, después transformado en PRM, luego en PRI y finalmente transmutado en Morena. 
Esta tesis histórica no es, en realidad, más que una extensión de las descalificaciones electoreras esgrimidas por Ricardo Anaya y Jorge Castañeda durante la campaña electoral sobre el “PRIMor”, y retomadas con profundo sentido racista por el mismo Enrique Ochoa Reza, quien fuera presidente del PRI, cuando se lanzó públicamente en contra de los “PRIetos”. 
Aunque resulta que el distinguido historiador John Womack también coincide con las coordenadas generales de este análisis. En una entrevista reciente con la periodista Dolia Estévez (véase: https://bit.ly/2uW9lza), el antiguo maestro de Carlos Salinas de Gortari en la Universidad de Harvard afirma que López Obrador a lo sumo representaría un reciclaje de “la izquierda del PRI”. 
“Es priista, nació y fue creado como priista”, afirma el historiador. Y agrega: “Los priistas tenían la misma retórica (que López Obrador), la misma oratoria, la misma demagogia para la gente que no reflexiona, que no piensa”. 
Womack acepta que “mucha gente vio sus sueños izquierdistas realizados en el triunfo de López Obrador”. Sin embargo, señala que “lo que ahora llaman izquierda es una izquierda que, como tal, es muy pobre”, ya que no es ni comunista ni anticapitalista.
Pero lo anticuado no es, en realidad, López Obrador, sino precisamente quienes insisten en descalificarlo por sus ideas supuestamente anticuadas. Tanto el neoliberalismo rapaz de Anaya y Castañeda como el sectarismo de Womack son reliquias de un mundo inmerso en una guerra fría que terminó hace ya casi tres décadas. 
Ha llegado la hora de innovar esquemas y marcos teóricos para poder abrazar y sacar todo el jugo posible al actual proceso de transformación histórica y estructural de la nación en un contexto de constante movimiento también al nivel global. 
www.johnackerman.blogspot.com
Twitter: @JohnMAckerman
Este análisis se publicó el 19 de agosto de 2018 en la edición 2181 de la revista Proceso.

Monday, July 16, 2018

La honrosa medianía

John M. Ackerman
“L
os funcionarios públicos… no pueden improvisar fortunas ni entregarse al ocio y a la disipación, sino consagrarse asiduamente al trabajo, resignándose a vivir en la honrosa medianía que proporciona la retribución que la ley haya señalado”, expresó Benito Juárez al abrir, como gobernador, el primer periodo de sesiones de la X Legislatura del estado de Oaxaca, el 2 de julio de 1852.
Este principio de la honrosa medianía fue incorporado desde 2009 en el artículo 127 de nuestra Constitución. Ahí se señala, por un lado, que todos los bonos, estímulos y compensaciones recibidos por los servidores públicos deben considerarse como parte de su remuneración y, por otro lado, que “ningún servidor público podrá recibir remuneración… mayor a la establecida para el presidente de la República en el presupuesto correspondiente”.
No hay lugar a duda o confusión alguna al respecto. Si Andrés Manuel López Obrador reduce su salario a la mitad y se deshace de todos sus bonos y compensaciones, absolutamente todos los otros servidores públicos en el país, incluyendo el Poder Judicial, el Congreso de la Unión, los órganos autónomos, y también en todas las entidades federativas y los municipios del país, tendrían que ajustar sus salarios de manera ­correspondiente.
Nadie, absolutamente ningún servidor público, puede ganar más que el Presidente. Es un mandato constitucional.
Sí, yo con mucho gusto doy la mitad de mi salario, entonces luego a robar, ¿o qué?, respondió el año pasado el senador Javier Lozano a la propuesta de López Obrador de reducir a la mitad los salarios de los altos funcionarios públicos. Las remuneraciones dignas son condiciones necesarias para un servicio público indispensable, sostuvo la semana pasada el presidente de la Suprema Corte de ­Justicia de la Nación, Luis María Aguilar, en aparente réplica a la ratificación de parte del ganador de las elecciones del primero de julio de su propuesta.
Lozano y Aguilar tienen razón, en parte. Quien trabaje en el gobierno o sirva al Estado mexicano merece, sin duda, contar con un salario digno que le permita contar con las condiciones básicas de comodidad y seguridad necesarias pa­ra poder desempeñar con profesionalismo y rectitud su encargo público. De lo contrario, se merma el desempeño de los servidores públicos y se genera un caldo de cultivo para la corrupción, el conflicto de interés y la extorsión.
Ello aplica no solamente para los secretarios de Estado y los ministros de la Corte, sino también para los policías, los maestros, los bomberos, los médicos, los agentes del Ministerio Público y absolutamente todos los empleados públicos.
Así que la pregunta clave no es si los servidores públicos merecen una remuneración digna, sino cuál sería el monto del piso mínimo necesario y cómo justificar las discrepancias entre los diferentes cargos. Resulta evidente, por ejemplo, que ni los 100 mil pesos anuales que gana un maestro de primaria, ni los más de 4 millones de pesos anuales que reciben los ministros constituyen ejemplos a seguir.
Para poder cumplir plenamente con su alta responsabilidad social de educar y formar a las nuevas generaciones, los dignos maestros del país deberían recibir por lo menos el doble de lo que actualmente ingresan. Y una reducción de 50 por ciento en los salarios de los ministros difícilmente mermaría sus condiciones de sobrevivencia, más allá de quizás tener que remplazar vinos franceses por cervezas mexicanas y camionetas alemanas por autos compactos hechos en Japón.
Ahora bien, es cierto que el artículo 94 de la Constitución también señala claramente que la remuneración de los jueces, los magistrados y los ministros federales no podrá ser disminuida durante su encargo. Esta importante disposición tiene el objetivo de evitar la intervención indebida de otros poderes en la independencia del Poder Judicial por medio de chantajes con respecto a sus salarios.
Sin embargo, la disposición del ar­tículo 127 tiene el mismo rango que el del artículo 94. Además, el hecho de que la disposición sobre salarios máximos se aplica de manera general, para todos los poderes, niveles y organismos públicos de la Federación, dificulta su eventual interpretación como una afectación específica a la autonomía del Poder ­Judicial.
De hecho, permitir la inaplicación del artículo 127 solamente para el Poder Judicial generaría un terrible precedente, ya que rompería de tajo con el principio de supremacía constitucional. Ello colocaría a los jueces fuera del marco jurídico nacional y podría abrir la puerta para todo tipo de abusos futuros, aún peores a los que ya estamos acostumbrados.
En lugar de buscar pretextos para generar conflictos estériles entre los diferentes poderes de la nación, la mejor salida sería que absolutamente todos y todas asumamos nuestra responsabilidad y nos sumemos al esfuerzo colectivo de construir una nueva República basada en los principios de la austeridad republicana y la justicia social.
johnackerman.blogspot.com
Twitter: @JohnMAckerman

La Jornada

American curios

David Brooks
Foto
▲ Yeni Maricela González García, acompañada por sus hijos y abogados. La familia, guatemalteca, fue reunificada en la ciudad de Nueva York.Foto Afp
L
os gritos de dolor y susto que se escuchan de niños pidiendo por sus padres, imágenes de caras aterrorizadas y traumatizadas, innumerables cuentos de padres e hijos sobre cómo fueron separados por hombres uniformados, son las historias de nada menos que uno de los mayores secuestros masivos en la historia contemporánea –todo, parte de una política oficial.
Se supone que buena parte de estas familias serán reunificadas antes de finales de mes, bajo una orden judicial contra el régimen de Trump. La gran ola de condena universal –nutrida por magníficas expresiones de denuncia, acciones de desobediencia civil y más (https://bit.ly/2Lf4zGu)– ya había obligado al presidente a suspender la práctica de arrebatar a niños de los brazos de sus padres.
Pero hoy día siguen separados miles de niños –algunos detenidos en albergues, donde tenían prohibido hasta abrazarse para consolarse– y, aunque ahora el gobierno está reunificando a algunas familia separadas, un par de preguntas necesitan respuesta: ¿Cómo se permitió esto? ¿Quedarán impunes los responsables?
Aproximadamente 3 mil y, posiblemente, hasta 4 mil (es que el gobierno no sabe cuántos exactamente) niños fueron arrancados a la fuerza de los brazos de sus padres desde el año pasado hasta junio de este año por el régimen de Trump. Las autoridades insisten en que esto es legal y explican que cuando capturan a un migrante indocumentado cruzando la frontera está cometiendo un delito, y como cualquier delincuente es enviado a la cárcel y como resultado la consecuencia es ser separado de su familia.
Pero casi todas estas familias se presentan ante autoridades solicitando asilo, y eso no es un delito. Abogados explican que las leyes nacionales e internacionales garantizan el derecho de un refugiado a buscarlo.
De hecho, hace sólo unos días un juez federal emitió un fallo contra el régimen de Trump afirmando que el gobierno está violando sus normas al encarcelar a solicitantes de asilo en lugar de otorgarles una libertad condicional (lo cual se hacía en la abrumadora mayoría de los casos antes de este gobierno) mientras esperan el proceso de su caso ante un tribunal de inmigración.
Buscar asilo no es delito. El ilícito lo está cometiendo el gobierno al intentar criminalizar a los refugiados, separar a sus familias, incluyendo arrebatarles a sus niños bajo justificaciones oficiales ,que van de argumentos legales torcidos (casi siempre rechazados por los jueces, hasta la fecha) a seguridad nacional y hasta la Biblia. A esta práctica se le debe llamar lo que es: secuestro.
Esta política no es nueva en la historia de este país. Políticas oficiales llevaron a que miles de niños indígenas fueran secuestrados de sus familias para ser lavados de su cultura (idioma, costumbres, historia). Fue una práctica común contra las familias esclavas. Se separaron y/o encarcelaron en campos de concentración a familias japonesas-estadunidenses. Fueron caracterizados como alimañas infestando Estados Unidos, como una amenaza a la seguridad nacional, recuerda la escritora y crítica literaria Michiko Kakutani, cuya madre fue una de las 120 mil personas de descendencia japonesa internadas en centros de detención en la costa oeste del país, durante la Segunda Guerra Mundial, sin ningún proceso debido de ley.
Es increíble observar a este gobierno presentarse como juez ante otros países y sostener intercambios respecto de la cooperación sobre valores compartidos, incluyendo democracia y justicia.
Los gritos y sufrimiento de niños deberían colocar al responsable, a este juez, en el banquillo de los acusados. Logarlo es responsabilidad y deber de esta sociedad y de los representantes de lo que llaman comunidad internacional.
Mientras tanto, perdón por tener que repetir mucho lo que ya se sabe. Perdón por insistir. Perdón por no hacerlo de manera suficientemente efectiva para ya no tener que hacerlo más. A veces uno tiene que gritar también.

Sunday, June 24, 2018

"Nadie tan progresista como Pellicer"

Elena Poniatowska
H
abla Porifirio Muñoz Ledo, en entrevista con La Jornada:
“Conocí a Carlos Pellicer por don Jaime Torres Bodet. Me quería mucho don Carlos, me quería mucho Torres Bodet, me quiere mucho Andrés Manuel, me quiere mucho Cuauhtémoc Cárdenas. Nadie de Los Contemporáneos era tan progresista como Carlos Pellicer. Escribí sobre Los Contemporáneos cuando era joven, los conozco a todos. Salvador Novo era centro-derecha, Xavier Villaurrutia era centro-izquierda, Gilberto Owen era izquierda; por favor, Elena, lee Sindbad el varado, el mejor poema de Gilberto Owen; Enrique González Martínez era centro-izquierda, Bernardo Ortiz de Montellano era centro, don Jaime era centro-izquierda. Carlos Pellicer era el único de izquierda, es algo que nadie sabe, hay que decirlo a voz en cuello.
“¡Esta es una gran conversación!: fui a casa de Pellicer en Las Lomas a ofrecerle una senaduría y me dijo: ‘Porfirio, yo no puedo ser candidato a senador, menos por su partido’. ‘¿Por qué, don Carlos?’ ‘¡Porque soy socialista!’ ‘¡Es lo que quiero, un socialista en mi partido!’ Después, Juan Sabines fue diputado conmigo. Yo hacía cosas muy extrañas en el PRI, soy medio singular.”
–¿Juan Sabines, el gobernador de Chiapas y hermano del poeta?
–Sí, él fue mi número dos en el partido. Un hombre muy bueno, muy recto pero muy excedido en todo. Era el macho mexicano por definición, se inyectaba hormonas, una locura. Creo que Jaime también se inyectaba hormonas para ser macho.
–¡Ay, Dios mío!
–Entonces, me dice don Carlos Pellicer: Yo no puedo, Porfirio, porque soy socialistaAy, don Carlos, es lo que estoy buscando, eso es lo que le pido. Entonces durante toda la campaña, él pronunció discursos socialistas. Andrés los debe tener, me dijo que los conserva o se perdieron, porque Andrés acompañó a Carlos Pellicer en toda su campaña en Tabasco.
“Un día vi que tenía yo en mi biblioteca dos ejemplares de un libro maravilloso que es muy difícil de conseguir, Material poético, de Carlos Pellicer. Se lo regalé a Andrés, se emocionó y ahí lo tiene en su casa. Un día, llegué a una de esas bodegas –los que hemos sido hombres públicos tenemos enormes bodegas de cosas que nos regalan que ni vemos– y casi todas las tiré cuando me fui de mi casa. Bueno, unas las vendí, otras las colgué, hice venta de garaje, seguí el consejo de León Felipe: ‘Hay que viajar ligero por la vida’. Entonces de una caja saqué un busto de Carlos Pellicer y se lo di a Andrés, lo tenía frente a él en su oficina de la calle de San Luis Potosí. Andrés, en estado puro, es un sentimental; un hombre sensible y sentimental.”
–De los aspirantes a hombres de Estado, ¿Andrés ha sido el que más te ha conmovido?
–Bueno, ahora es otra época, porque antes era una sucesión dentro del sistema y ahora es una sucesión disruptiva del sistema. Andrés sabe de las mañas del PRI, las aprendió adentro, igual que yo. Conoce el antiguo régimen, igual que yo. Y yo lo conozco más. Venustiano Carranza fue gobernador de Coahuila en la época de Porfirio Díaz y cuando llegó conocía tan bien el sistema que lo desmontó.
–¿Desmontar es lo que va a hacer Andrés?
–Por eso los del PAN no tienen ni idea de lo que hacen. A Andrés le ayuda haber sido presidente del PRI de Tabasco, en vez de infamarlo. Le pasa como a mí. En mi carrera en los últimos 30 años, uno de los grandes ases que tuve, la mayor de todas mis ventajas, fue conocer al PRI por dentro y por eso lo desfondé.
–¿Eso mismo le sucedió a Andrés Manuel?
–Lo conoce desde dentro, conoce el sistema a fondo. No olvides que desde muchacho fue un gran líder regional. Cuando González Pedrero le pidió que fuera presidente del PRI, Andrés Manuel aceptó y a los seis meses renunció. Enrique lo nombró Oficial Mayor del gobierno. Andrés aceptó en la mañana, pero se arrepintió en la tarde. Sí, gobernador, cómo no. Andrés, quien tiene gran sentido de gratitud, le dijo que sí, pero se puso a pensar y ahí mismo renunció al sistema. Es un momento muy interesante en su vida. Andrés Manuel aceptó la Oficialía Mayor del gobierno del estado, González Pedrero sacó a Andrés Manuel del PRI, porque era un revoltoso, un muchacho izquierdoso; entonces, en la tarde, Andrés Manuel le dijo al gobernador: Perdóneme, no voy a aceptar. Con ese acto se volvió independiente, autónomo; rompió con el sistema. Ese día, Andrés empezó su carrera de manera independiente.
–¿Salir del PRI en aquellos años era condenarse políticamente?
–Sí, pero lo que quiero dejar por escrito es que Andrés Manuel ha luchado desde adolescente por ser un hombre de la historia y ya lo logró, él va a hacer historia, y todos tenemos que participar en la consolidación de esa nueva forma de hacer política.
Hay dos aspectos que a menudo se olvidan. Uno es la victoria electoral de Andrés, que para mí es totalmente indiscutible y totalmente irreversible, y el cambio radical que va a hacer, y que tú y yo todavía vamos a ver. Andrés ha compartido conmigo durante muchos años la idea de la Cuarta República Mexicana. No hablo de un ciclo, sino de un largo periodo de la historia: el fin del abominable ciclo neoliberal que implantaron los empresarios y el gobierno de Carlos Salinas de Gortari.
–¿Y Cuauhtémoc Cárdenas?
–Cuauhtémoc y yo empezamos un movimiento dentro del PRI para la izquierda, entonces nos aplastaron a la mala, y Salinas y su equipo implantó el ciclo neoliberal. Ese fue el atraco de 1988 que impidió el cambio histórico; el PRI ya estaba muy cargado a la derecha. Andrés Manuel es heredero directo del 88 aunque sólo se acercó a nosotros en 89, cuando Cuauhtémoc Cárdenas y yo lo conocimos el mismo día y a la misma hora. Era muy delgado, moreno, pelo negro y, como dicen, de ahí pal’ real. Me cayó fantástico. Además, el PRD no tenía líderes en la provincia. Se inventaron tres o cuatro, pero el único, el mejor, fue él, todos los demás eran ficticios. Tanto Cuauhtémoc como yo lo impulsamos. Desde el principio vimos de lo que era capaz e inmediatamente se volvió una figura nacional.
–Entonces, ¿por qué no está Cuauhtémoc con él?
–Está y no está, lo acaba de declarar. Está en la idea general, pero quiere que Andrés hable de revertir. Yo escribí un artículo que explica muy bien que revertir quiere decir volver las cosas al estado en el que estaban. ¿Revertir a qué época? ¿Cuándo? ¿A 1938? ¿A la época de Díaz o la de los aztecas? Es muy vago eso. Andrés ya dio todos los nortes de qué quiere cambiar.
Cuauhtémoc es heredero de principios y le cuesta mucho trabajo entenderlo como un personaje de la historia de México. Andrés quiere un cambio radical en el país y lo va a lograr.

Monday, April 23, 2018

American Curios

Vanguardia
David Brooks
L
as mujeres son la vanguardia de la resistencia y rebelión en la era de Trump. Maestras, estudiantes, actrices, jornaleras, atletas, sindicalistas, entre otras, fueron las primeras en repudiar de manera masiva al nuevo régimen, y son las que podrían traducir la resistencia en cambio y con ello rescatar a este país.
Un presidente abiertamente misógino acusado de hostigamiento y abuso sexual por unas 20 mujeres, y que ha sido grabado hablando de su derecho, por ser famoso, a tocar los genitales de cualquier mujer, rodeado de otros que son cómplices en todo esto (incluidas varias mujeres), que promueve políticas formuladas por derechistas religiosos, ha detonado una respuesta masiva de mujeres en todos los ámbitos públicos. Vale recordar que la primera respuesta masiva a Trump fue la Marcha de las Mujeres al día siguiente de rendir protesta como presidente, cuando millones marcharon en Washington y otras ciudades y pueblos del país.
Dentro del ámbito formal del juego poítico, el número de mujeres que se han registrado o que han indicado que pronto serán candidatas electorales a nivel federal, estatal y municipal nunca ha sido mayor en la historia del país. Para los puestos federales hay por ahora 472 mujeres contendiendo para la Cámara de Representantes, y unas 57 para el Senado, casi el doble de las que se inscribieron para la pugna electoral de ambas cámaras en 2012. El número de mujeres que buscan una gubernatura también es sin precedente: 78. La abrumadora mayoría de las candidatas son demócratas, lo cual indica que la ascensión de Trump tiene mucho que ver con sus decisiones; muchas de ellas confirman eso, incluso varias dicen que esa fue la razón por la cual decidieron participar. Entre ellas, según expertos, también hay mayor diversidad de raza y con muchas más inmigrantes.
Hoy día, menos de 20 por ciento de curules en el Congreso están ocupadas por una mujer (del total de 535, sólo hay 22 en el Senado y 83 en la cámara baja), y todos esperan que eso cambiara en noviembre. Según EMILY’S List, organización demócrata de promoción de mujeres en el mundo político, unas 34 mil mujeres interesadas en concursar en elecciones a todos los niveles se comunicaron con la organización desde el día en que fue electo Trump. Stephanie Schrlock, directora de la organización liberal, declaró en una entrevista reciente que estas son mujeres que desean cambiar el panorama político para siempre, y que ella considera que esto es parte de la necesidad de salvar nuestra democracia.
El movimiento magisterial que está sacudiendo las regiones pobres y más republicanas del país está compuesto en su gran mayoría de mujeres; 77 por ciento de la fuerza laboral de educación son mujeres a nivel nacional. Las huelgas y movilizaciones que han sorprendido –y asustado– a las cúpulas en estados como West Virginia, Kentucky, Oklahoma y ahora Arizona por su militancia no sólo exigen alzas salariales y mejores beneficios para los maestros, muchos de los cuales han tenido que trabajar en empleos secundarios para sobrevivir, sino por una mayor inversión en la educación pública. Estudiantes, sobre todo niñas, han declarado que sus maestras son sus héroes, lo cual se ha manifestado en un creciente apoyo comunitario y, a la vez, una creciente alarma entre la cúpula política casi completamente masculina.
Hablando de estudiantes, Emma Gonzalez, de 18 años, sobreviviente del tiroteo masivo en la preparatoria en Parkland, Florida, y entre las líderes del nuevo movimiento estudiantil contra las armas los políticos que tanto las aman, fue seleccionada junto con cuatro de sus colegas por la revista Time la semana pasada como una de las 100 figuras más influyentes del año. Su discurso en la primera manifestación después de los hechos mortíferos se volvió viral, y su nueva cuenta de Twitter, @emma4change, ya tenía más seguidores a dos semanas de iniciarla que la de la @NRA, la Asociación Nacional del Rifle, una de las organizaciones más poderosas de este país.
Al mismo tiempo, el movimiento de hartazgo ante el hostigamiento, abuso y violencia sexual por hombres poderosos en todos los ámbitos –en la política (empezando con el ocupante de la Casa Blanca), en Hollywood (todo empezó con revelaciones obtenidas por periodistas sobre el famoso productor de cine Harvey Weinstein), en el mundo de la moda, el de los museos, en danza, en universidades y más– continúa sacudiendo a fondo a las principales instituciones e industrias del país, y sigue evolucionando en un movimiento bautizado con los hashtags #MeToo y #TimesUp.
Y una mujer ha generado cada vez mayor preocupación para el ocupante de la Casa Blanca: Stormy Daniels, cuyo nombre real es Stephanie Clifford, es la estrella de pornografía cuya lucha para anular un acuerdo para guardar silencio sobre su relación sexual con Trump ayudó a ampliar la investigación sobre posibles maniobras ilícitas del abogado personal del presidente. Daniels, por rehusar callar, ha sido blanco de ataques y amenazas por fanáticos trumpistas, pero ella ha respondido con gran franqueza, recientemente comentó: no siento vergüenza, no me pueden bulear. Daniels informó que si gana su demanda contra Trump y su abogado, a nombre de ellos donará los 130 mil dólares que le pagaron por su silencio a Planned Parenthood, la organización de servicios de salud para mujeres sin recursos. Algunos indican que es posible que el último capítulo de esta presidencia será titulado: actriz porno rescata la República.
Hay voces desde hace más de 150 años que regresan como ecos contemporáneos para responder a argumentos igual de añejos. La ex esclava y líder afroestadunidense Sojourner Truth, en un discurso en Ohio en 1851 sobre la igualdad, comentó: Entonces un pequeño hombre vestido de negro allá atrás, él dice que las mujeres no pueden tener los mismos derechos que los hombres, ¡porque Cristo no fue mujer! ¿De dónde llegó tu Cristo, pero de dónde llegó tu Cristo? ¡De Dios y una mujer! El hombre no tuvo nada que ver con Él.
La vanguardia es sustantivo femenino.