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viernes, 01 dic 2017
21:05
Nueva York.
Michael Flynn, ex asesor de Seguridad Nacional, se volvió este viernes
el funcionario de mayor rango del gobierno de Donald Trump en caer en la
investigación del fiscal especial sobre la posible colusión de socios
de Trump con los rusos en las elecciones estadunidenses y, aún más
alarmante para la Casa Blanca, anunció que está cooperando plenamente
con la indagación, informando que sus contactos con los rusos fueron
realizados en coordinación con otros integrantes del circulo intimo del
presidente, incluyendo posiblemente su yerno.
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El exgeneral
Flynn, quien también fue asesor cercano de Trump durante la campaña
electoral, fue formalmente acusado ante un tribunal federal de un solo
cargo: mentir al FBI sobre sus contactos con el entonces embajador ruso
en Washington Sergey Kislyak en diciembre del 2016, durante la
transición presidencial.
La acusación
es mucho menor de lo que podía haber enfrentando Flynn por varios
delitos adicionales. Se informó que el acusado está ofreciendo
información muy valiosa al equipo del fiscal especial Robert Mueller a
cambio de no enfrentar más acusaciones, y aparentemente, para librar a
su hijo de potenciales cargos criminales.
Pero lo que
más sacudió a Washington fue la revelación de que Flynn - según los
fiscales y los documentos que se presentaron en el tribunal hoy para
presentar y sustentar los cargos - no actuó
de manera solitaria al comunicarse con el embajador ruso en dos
ocasiones durante la transición presidencial en diciembre del año pasado,
sino en coordinación con otros dos integrantes de máximo nivel del
equipo de transición que no fueron nombrados en los documentos. Diversas
fuentes con conocimiento directo del asunto han revelado a varios
medios que uno de ellos es Jared Kushner, yerno y asesor de Trump.
Más aún, según
ABC News, Flynn está dispuesto a testificar que el propio Trump le
ordenó hacer contacto con los rusos, inicialmente para abordar el tema
de colaboración sobre Siria. Hasta recientemente, la narrativa de la
Casa Blanca ha sido que Flynn actuó por su propia cuenta y sin el
conocimiento del presidente y otros colegas de alto nivel en sus
relaciones con el embajador ruso entre otros.
Las interacciones con Kislyak eran parte de esfuerzos del equipo de transición de Trump para influir en asuntos de política
exterior, una sobre sanciones contra Rusia y otra - a petición del
primer ministro israelí Benjamin Netanyahu - sobre una resolución
condenando a Israel en la Organización de Naciones Unidas. Estos
esfuerzos potencialmente violan leyes estadunidenses que prohiben a
ciudadanos privados interferir en asuntos diplomáticos entre Washington y
otros países.
“Mi
declaración de culpabilidad y acuerdo para cooperar con la oficina del
Fiscal Especial reflejan una decisión que tome en el mejor interés de mi
familia y de nuestro país. Acepto plena responsabilidad por mis
acciones”, afirmó Flynn en un comunicado
Con esto, según observadores y expertos legales (y no pocos deseosos) la soga se apretó alrededor del cuello del círculo íntimo del presidente.
Flynn es ahora
el cuarto asociado de Trump en ser formalmente acusado por el equipo de
Mueller - los otros son el ex jefe de la campaña y su socio, junto con
otro asesor quien ahora también esta cooperando con los investigadores -
pero Flynn es la figura de mayor perfil en ser acusado hasta la fecha, y
el primero que fue asesor tanto en la campaña electoral como en el
gobierno.
Especulaciones
de todo tipo circularon de por qué Flynn decidió cooperar en la
investigación contra su ex jefe y colegas, incluyendo que fue para
salvar a su hijo de una persecución legal (junto con su padre, había
realizado negocios con intereses turcos posiblemente ilegales), o porque
los gastos legales para defenderse eran cada vez más altos, e incluso
porque se sintió abandonado por Trump.
La Casa Blanca
aparentemente fue sorprendida por la decisión de Flynn de declararse
culpable y cooperar plenamente con el equipo de Mueller, reportó Politico. De hecho, poco después
de que Flynn apareció ante el juez, la Casa Blanca canceló un evento de
prensa con Trump programado para esta tarde. Hasta el cierre de esta
edición no ha habido un solo tuit presidencial sobre el asunto.
Ty Cobb, el
abogado del presidente encargado de manejar los asuntos relacionados con
esta investigación, trató este viernes de distanciar a Trump y a su
gobierno de Flynn,al subrayar que el ex asesor trabajó en la Casa Blanca
por sólo 25 días antes de ser obligado a renunciar y que “nada en las
declaraciones de culpabilidad o el cargo implica a cualquier otro más
que al señor Flynn”.
Después
de haber sido calificado por Trump como una “persona maravillosa”, de
prestar sus credenciales militares a un candidato sin ninguna
experiencia para ser comandante en jefe y de ser considerado para la
vicepresidencia, hoy fue identificado por Cobb como sólo “un ex
funcionario del gobierno de Obama” (donde fue por un tiempo director de
la Agencia de Inteligencia de Defensa).
Vale recordar que un día después
de que Flynn fue obligado a renunciar a mediados de febrero, Trump
sostuvo una entrevista privada con el entonces jefe del FBI, James
Comey, quien encabezaba la investigación que Mueller heredó donde le
sugirió “soltar a Flynn”. Comey fue despedido de su puesto por Trump a
principios de mayo en lo que críticos consideran un intento de
obstrucción de justicia (acto que se supone forma parte de la
investigación del fiscal especial). Mueller fue nombrado por el
subprocurador general de Estados Unidos después de que esta conversación fue revelada por el New York Times
en mayo, entre otras cosas (el procurador general Jeff Sessions sigue
recusando de todo este asunto por sus propias interacciones durante la
campaña con el mismo embajador ruso). Como señala este viernes el Washington Post – el
primer medio en reportar las conversaciones entre Flynn y Kislyak -
“hay una línea directa entre Trump buscando proteger a Flynn y el
nombramiento del hombre que eventualmente podría haber volteado a Flynn
contra Trump”.
Para algunos
expertos legales como el ex fiscal federal y subprocurador asistente
Harry Litman, esto podría ser el primer paso hacia la posibilidad de
cargos de destitución (impeachment) contra el presidente y que el
testimonio de Flynn podría dibujar “un escándalo de proporciones
históricas” que podrían ser equivalentes a Watergate o Iran-Contra en
sus dimensiones, escribió en el New York Times.
Todo esto está generando mayor paranoia en la Casa Blanca,
reportan medios, y posiblemente nutrirá el éxodo de personal a fines de
año que ya se pronosticaba antes de esta noticia. En torno a esto,
Trump desmintió las versiones que circularon esta semana de que estaba
por expulsar a su secretario de Estado Rex Tillerson de su gobierno,
calificándolas de “fake news”, en un tuit.
Flynn, quien en los mitines electorales donde frecuentemente presentaba a Trump solía invitar el coro de “encarcélenla”
que se volvió rutina en la contienda contra Hillary Clinton - algo que
hizo incluso en la Convención Nacional Republicano – este viernes tuvo
que escuchar “encarcélenlo” de un grupo que lo esperaba a la salida de
su cita en el tribunal federal.
Mientras tanto, se oye en el trasfondo el eco de las preguntas claves de Watergate: ¿que sabía el presidente, y cuando?
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