Wednesday, January 19, 2011

Tribulaciones de la cultura en México / II

JULIO GLOCKNER

``Volvamos a las fuentes de algunas ideas sobre las culturas indígenas que aún imperan en nuestro país. Otro ilustre liberal, Ignacio Ramírez, afirmaba que debido a su aislamiento y a la variedad de sus lenguas, los indios no podían definirse como mexicanos, puesto que, decía, “esas razas conservan todavía su nacionalidad, protegida por la familia y la lengua”. Ramírez y Altamirano heredaron de José María Luis Mora el punto de vista según el cual la sobre vivencia de los pueblos indios era un obstáculo a la integración social. En concordancia con esta concepción, un pedagogo del periodo porfiriano, de nombre José María Bonilla, hacía las siguientes recomendaciones al gobierno de la época en relación con la educación de los pueblos indígenas: “he dicho que los indios en general, son refractarios al adelanto, y en casi todos los pueblos las autoridades necesitan estar en guerra abierta contra los padres de familia, para obligarlos a enviar a sus hijos a la escuela. 50 por ciento de los niños indios que concurren a la escuela, salen casi tan ignorantes como cuando entraron, y como al separarse de la escuela se dedican de nuevo a las rudas tareas de sus padres, y adquieren todos sus vicios y costumbres, a las tres o cuatro años ya no saben nada de lo poco que aprendieron... La escuela, tal y como hoy está organizada, no consigue modificar las costumbres de los indios ni quitarles sus vicios, y mientras esto no se pueda conseguir, los progresos que se obtengan serán poco menos que nulos... Establézcanse escuelas de internado, obligatorias en todos los pueblos de la República, oblíguese a concurrir a ella a todos los niños desde los 4 hasta los 15 años de edad, procúrese que en ese tiempo los educandos no frecuenten su casa para no pervertirse con los malos ejemplos que ahí pudieran recibir, y creemos que se conseguirá el objeto deseado... Durante su infancia y parte de su adolescencia, los educandos acostumbrarían el calzado, el pantalón y ropa limpia, creemos que al salir de las escuelas difícilmente querrían volver a andar descalzos, semidesnudos y desaseados como ahora”.

Esta propuesta de exterminio cultural que refleja la exasperación de los intelectuales de una época y su ansioso deseo por obligar a los indios a que dejen de ser quienes son para convertirse en otra cosa, en niños y jóvenes alfabetizados exclusivamente en el castellano, en muchachos decididos a romper con todos sus referentes culturales para así poder ingresar, “limpios y peinados” a los patrones de la cultura occidental, no es ajena a nuestra época ni a los proyectos neoliberales de los políticos actuales. El racismo que se deja entrever en estas recomendaciones pedagógicas e higiénicas no tiene parangón, es una joya del pensamiento civilizatorio occidental. Estoy convencido de que los albergues del Instituto Nacional Indigenista estuvieron orientados aunque de un modo más sutil y acorde con la ideología del nacionalismo revolucionario, en este mismo sentido. Hoy lo siguen estando bajo los criterios etnocentristas de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas. Sin dejar de reconocer algunos logros, la orientación general de estas instituciones apunta a una occidentalización impuesta a las culturas indígenas como única vía para su desarrollo. No es que la occidentalización en sí misma sea perjudicial, es que las comunidades indígenas y campesinas tienen pocas posibilidades de decidir su propio futuro al no ser tomadas en cuenta en los asuntos que atañen a su vida. 

La construcción de una identidad nacional es la finalidad última de este afanoso etnocentrismo, la construcción de un imaginario creado por el Estado posrevolucionario en el que podamos reconocernos todos como mexicanos. Pero la terca realidad ¡otra vez la terquedad, para desgracia del doctor Mora y sus discípulos! se empeñó en afirmar otro rumbo y otro destino para los pueblos indios, hasta que llegó el momento en que este modelo político de la cultura oficial entró en una profunda crisis. La rebelión de los indios en Chiapas y los acuerdos de San Andrés, que aún esperan alcanzar un rango constitucional, son la expresión más acabada de la crisis de ese modelo político.

El nacionalismo, como bien dijo Roger Bartra, es la transfiguración de las supuestas características de la identidad nacional al terreno de la ideología. El nacionalismo es una corriente política que establece una relación estructural entre la naturaleza de la cultura y las peculiaridades del Estado. En nuestro país las expresiones oficiales del nacionalismo nos dicen: si eres mexicano, debes votar por la revolución institucionalizada. Quienes no lo hacen traicionan su naturaleza profunda, o bien no son mexicanos. El nacionalismo es, pues, una ideología que se disfraza de cultura para ocultar los resortes íntimos de la dominación. (Bartra, Oficio Mexicano)

A lo largo del siglo XX el partido oficial (PNR, PRM y PRI) creó un Estado corporativo y logró construir una identidad nacional en los términos en que esta funciona actualmente, es decir, en términos abstractos y simbólicos. Digamos que desde la sierra tarahumara hasta la selva lacandona los pueblos indígenas se reconocen hoy como mexicanos, en el mejor de los casos,  reconociendo una serie de símbolos patrios como la bandera, el himno y el escudo nacional. El problema es que la construcción de la identidad nacional nunca se correspondió, desde la perspectiva de los pueblos indios, con una incorporación a la nación en condiciones de vida más favorables. Es decir, han visto seriamente dañadas las estructuras y los valores de sus propias culturas sin haber accedido plenamente a los beneficios de la llamada cultura nacional. A fin de cuentas han perdido más de lo que han obtenido a cambio. El proceso de construcción de la nación no ha sabido compensar, en beneficios materiales y espirituales, el deterioro de sus culturas tradicionales. Hoy los jóvenes mixtecos, por ejemplo, se preocupan más por aprender inglés y abrirse paso hacia los Estados Unidos, que permanecer castellanizados, desempleados y sin futuro en su país. El Estado mexicano optó por una modernización que no ha sido capaz de desarrollar democráticamente y en función de un bienestar generalizado, conduciendo a los pueblos indígenas a un callejón sin salida, o más bien, a una única salida: la frontera norte.

A pesar de que en la política indigenista se sustituyó el término “asimilación”, que implicaba la desaparición de las culturas indígenas, por el concepto de “integración”, en el que supuestamente se incorporarían a la sociedad nacional en un proceso gradual, en el que los pueblos indios harían sus propias aportaciones a la sociedad nacional y tomarían de ella todo aquello que pudiera beneficiarles sin poner en riesgo los fundamentos de su propia cultura, a pesar de las buenas intenciones y el trabajo constante de varias generaciones de indigenistas, el fracaso está a la vista.''

Tuesday, January 18, 2011

Conclusión de la Tesis de Roberto Cañedo Villareal: 1 de 4

En la tesis doctoral de Cañedo, que lleva por título: ``Educación Superior y Mercado de Trabajo: El caso de los egresados de la Universidad Autónoma de Guerrero'', podemos leer la conclusión.

VII Conclusiones de la Investigación.

VII.1 Economía y mercados laborales.

En la medida en que las transformaciones científicas y tecnológicas moldean las actividades productivas y las estructuras económicas de la sociedad mundial se va bosquejando una diferenciación laboral que marca cada vez más nítida y profundamente las características de la estructura del mercado laboral y las habilidades requeridas para la inserción de los profesionistas en éste. Dichas transformaciones tienen que ver con el evidente proceso de terciarización de la estructura económica de nuestros países en el marco de la globalización internacional que muestra tendencias productivas convergentes.
 Por un lado, se percibe el cada vez mayor control de la reordenación de los procesos productivos desde los grandes centros industriales del mundo desarrollado, esto es, de las potencias económicas, que provoca que las economías llamadas subdesarrolladas tiendan a reducir cada vez más su costosa producción industrial-artesanal-básica, pero más aún agrícola, intensiva en mano de obra, en favor de la importación de aquellos productos intensivos en capital, o bien la sustitución de la producción total de bienes finales por la producción de maquila. Las repercusiones en el mercado laboral para profesionistas al interior de los países subdesarrollados son evidentes. La mano de obra de alta calificación tecnológica tiende al proceso de migración hacia dichos centros de producción industrial y agrícola de alta tecnología , mientras que los sujetos menos calificados o aquellos que no tienen las condiciones para salir del país, se quedan, en el mejor de los casos, en las empresas filiales como reproductores de las tecnologías industriales desarrolladas en el exterior con muy pocas posibilidades de innovación interna. El caso del sector agrícola en el tercer mundo es todavía más drástico. Sus altos costos de producción hacen inviable la producción de la mayoría de cultivos nacionales y la absorción de mano de obra calificada, profesionistas, es extremadamente baja y sigue una tendencia negativa. En el año 2000 el sector agrícola de México absorbió el 1.45% del total de profesionistas empleados y el minero sólo el 0.18%, como se mostró en el análisis contextual de este trabajo.
 Así, el proceso de reordenación y relocalización geográfica de la producción como efecto de procesos tecnológicos más ``finos'' e intensivos en capital impactan directamente, entre otros espacios, la estructura y calidad del mercado laboral para profesionistas e indirectamente, aunque en menor medida, la orientación de la formación universitaria.
 Por otro lado, pero siempre en la misma lógica, esta reestructuración de los procesos productivos no sólo reduce los espacios propiamente de producción material de bienes y la cantidad de mano de obra utilizada en los mismos, redefiniendo con ello el perfil del empleo, sino también amplia el espacio de la producción de servicios, particularmente el comercial, el financiero y el de las comunicaciones, sectores en los cuales nuevamente las empresas de los países altamente industrializados son hegemónicas. Estos sectores experimentan una expansión geográfica cada día mayor, y aunque cada vez son más demandantes de profesionistas, dado que la amplia oferta de mano de obra calificada es más que proporcional al aumento de su demanda (Hernández Laos - 2005, p. 111-, lo denomina situación de desbalance dinámico) cada día se requiere de mejores credenciales académicas para insertarse en los mismos puestos de trabajo con los mismos salarios.
 Esta terciarización de la economía también se expresa en la expansión de las ramas de servicios turísticos para aquellos países o regiones con potencialidades naturales, de tal suerte que esta actividad absorbe la mayor parte de la mano de obra profesional de las regiones poco desarrolladas, incluso no industrializadas, pero con vocación turística, no obstante que en este contexto actúan como economías de enclave, esto es, con poco efecto multiplicador, en términos de la distribución de la riqueza y del desarrollo regional.
 De esta manera, habría que aclarar que los sectores comerciales, turísticos y de servicios, absorbieron también una gran cantidad de mano de obra no calificada, pero fundamentalmente como vendedores ambulantes, de alimentos y bebidas en micronegocios y en el autoempleo.
 Los efectos de la globalización que provoca esta dualidad de la actividad económica mundial es diferencial entre países desarrollados (con avances sistemáticos en ciencia y tecnología y sus respectivas repercusiones en el mercado) y países subdesarrollados y crónicamente dependientes (maquiladores, oferentes de mano de obra barata), ya que el primer grupo de países, los desarrollados, reduce la brecha entre pobre y ricos a través de la formación de capital humano, y en el segundo grupo de países, los subdesarrollados, profundiza dicha brecha expulsando la mano de obra, no calificada, del campo a los centros urbanos y al exterior y, con ello, precarizando el trabajo de las zonas en las que se asienta dicha migración. Esto ha provocado un bajo crecimiento medio de la productividad del trabajo al no lograr un suficiente crecimiento del producto total de los factores en los países subdesarrollados, pues éste es producto residual de la asimilación de nuevas tecnologías no incorporadas en los bienes de capital, en términos generales, en la economía nacional, a pesar del crecimiento alcanzado posterior a la década de los ochenta (la llamada década perdida para América Latina).
 De hecho, el proceso de transformación de una economía cerrada a una abierta, o sea, de un modelo de industrialización vía sustitución de importaciones a un modelo secundario exportador, si bien acrecentó la importancia de las manufacturas también estimuló la concentración en algunas ramas sectoriales, y de forma sensible estimuló la importación de bienes intermedios ligados a dicha producción manufacturera, y marginó el necesario desarrollo del sector primario, poseedor por cierto de una parte muy importante de la ocupación en el sector tradicional o no capitalista de la economía. Así, una economía dual como la mexicana se caracteriza por la existencia de mano de obra excedente, concentrada el sector de subsistencia.
 El efecto de este proceso en el mercado laboral de profesionistas es también contradictorio. Por un lado, los niveles salariales de los profesionistas ocupados en los sectores modernos de la economía se ven incentivados hacia el alza y, por el otro, se reduce, en términos relativos, los empleos profesionales decentes, exigiendo en ambos casos, mejores credenciales y habilidades para dichos puestos de trabajo. Sin embargo, sólo para los puestos profesionales no directivos existe un constante deterioro de su calidad, esto es, empleos precarios con bajos salarios, inseguros, y con pocas perspectivas de desarrollo profesional. La diferencia medida como salario manufacturero/salario mínimo en México fue de 360% en 1990, y para el año 2000 dicha diferencia fue de 720% (Hernández Laos, 2005, p. 124).
 En efecto, lo que vamos a percibir es una reforma laboral, legal y de hecho, acorde con la apertura comercial y de capitales en nuestro país. Los sectores capitalistas, y en particular los más dinámicos identificados por su sesgo hacia el cambio tecnológico y a la inversión extranjera directa, por ser intensivos en capital físico y humano, tienden a incrementar su demanda de mano de los profesionistas, que en un momento determinado pudieron haber impulsado los salarios hacia arriba (generando con ello rigideces de oferta), sin embargo, la necesidad de las empresas de ampliar su competitividad ha desembocado en la exigencia, y puesta en práctica, de una flexibilidad numérica, funcional y salarial de las relaciones laborales buscando un incremento de la productividad media del trabajo.

Tribulaciones de la cultura en México / I

JULIO GLOCKNER 


``El México actual, como compleja realidad multicultural, surge en las primeras décadas del siglo XVI, en la confluencia de esas dos grandes corrientes civilizatorias que fueron la mesoamericana y la occidental. La primera comprendiendo una gama que se remonta a los olmecas del Golfo y pasa por todas las grandes culturas como la maya, la zapoteca, la mixteca, la tolteca, la totonaca, la huasteca, la nahua... que tenían entre sí grandes semejanzas en cuanto a su desarrollo tecnológico, sus formas de producción y organización social y su cosmovisión; la segunda, encarnada históricamente en oleadas de emigrantes peninsulares, era portadora de un amplio y variado bagaje cultural formado por las tradiciones celta, ibera, fenicia, grecorromana, goda, judía y árabe.
  
300 años después, cuando el mestizaje hubo alcanzado un alto grado de desarrollo y se había consolidado una relación de dominio y subordinación cultural tanto al exterior, con la metrópoli española, como al interior del país, México surge como nación al independizarse de España. La independencia de ninguna manera implicó un  rompimiento con los patrones culturales de occidente, que después de 300 años de colonización estaban perfectamente arraigados en las prácticas y la mentalidad de los criollos y mestizos que decidirían el futuro de la nación. En tres grandes periodos podríamos reconocer la influencia que ha tenido la cultura occidental en México, en un principio exclusivamente sobre las culturas indias, y más tarde sobre ese complejo híbrido, producto de lo mesoamericano y lo europeo, que hemos convenido en llamar cultura nacional. El primero duró tres siglos y podríamos llamarlo de españolización. Durante este periodo se produjeron las grandes transformaciones materiales y espirituales que consolidaron de una vez y para siempre la presencia de la cultura occidental en estas tierras: del arado y el cultivo del trigo y los huertos, a la lengua castellana, el alfabeto y el cristianismo como ética y cosmovisión; el segundo periodo, que podríamos denominar de afrancesamiento, ocurrió sobre todo en la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del XX y está vinculado, desde luego, al imperio de Maximiliano. La influencia francesa se filtró en la cultura nacional en la arquitectura, la literatura, los tratados de   política, las artes y las ciencias; el tercer periodo, que podríamos llamar de americanización es particularmente intenso desde el final de la Segunda Guerra Mundial y se prolonga con una fuerza cada vez mayor durante nuestros días. El modelo de vida estadounidense, con su pragmatismo, simplicidad y confort ha impactado las culturas y los mercados del mundo entero. De la comida instantánea, a la internet, de la lavadora automática a los mercados financieros y la pantalla de televisión, la cultura estadounidense lo ha invadido todo. La frontera que compartimos con ellos nos obliga a compartir un destino. Pocos países tienen una relación tan estrecha, tan dependiente y con tantas posibilidades de ser conflictiva.

Que México sea un país multicultural y que se reconozca a sí mismo, aunque tardíamente, como tal, implica muchos y muy diversos problemas que tienen que ver con aspectos económicos, políticos, legislativos, educativos, de salud pública, y culturales en general. Si México fuera una nación culturalmente homogénea tal vez se facilitaría la tarea en todos estos campos, pero no es así, vivimos en un país sumamente complejo en el que cualquier camino de terracería nos conduce a un ámbito cultural distinto al de la moderna ciudad occidental.

Desde su nacimiento en los albores del siglo XIX el Estado mexicano ha hecho un esfuerzo perseverante por consolidar una nación. Esta gigantesca tarea se ha llevado a cabo partiendo de un principio liberal que hasta la fecha ha sido inamovible (a pesar de las reformas constitucionales que reconocen la diversidad cultural del país), ese principio establece que la unidad nacional se construye a través de la unidad cultural.

Este principio alcanzó su expresión más acabada en el nacionalismo revolucionario que inició con las instituciones y proyectos implementados en el terreno de la educación y la cultura por José Vasconcelos, encontró momentos de una entrega entusiasta con las misiones culturales y la educación socialista durante el sexenio de Lázaro Cárdenas, para después convertirse gradualmente en un ejercicio demagógico e inútil debido a que el afán por construir una sociedad culturalmente uniforme ha mostrado ser un rotundo fracaso.
  
Pongamos por un momento nuestra atención en una de las fuentes del siglo XIX que alentaron la idea, durante todo el siglo XX, de que era posible, como una condición indispensable para el desarrollo, asimilar culturalmente a la población indígena disolviendo sus formas de vida arcaica en las de una modernidad que se presentaba como la única solución a nuestros problemas de atraso y pobreza respecto a las demás naciones. Escuchemos al doctor José María Luis Mora, uno de los liberales más connotados del siglo pasado:

“Una de las cosas que impiden e impedirán los progresos de los indígenas en todas las líneas, es la tenacidad con que aprenden los objetos y la absoluta imposibilidad de hacerlos variar de opinión: esta terquedad que por una parte es el efecto de su falta de cultura, es por otra el origen de sus atrasos y la fuente inagotable de sus errores”.

La terquedad y la “falta de cultura” como elementos explicativos del atraso atribuido a los indios, sustituyen en este discurso decimonónico al engaño por parte del diablo y a la ausencia de la verdadera religión, que fueron los argumentos que utilizaron los evangelizadores del periodo virreinal para justificar la urgente tarea de transformar el  alma de los indios y convertirlos en auténticos cristianos. 

La terquedad de los indios es, sin duda, uno de los mitos etnocentristas que desde el mundo urbano se ha forjado en torno a ellos y su cultura. Es muy significativo lo que dice José María Luis Mora respecto a que la terquedad de los indios es el resultado de su “falta de cultura”, pues esto revela la creencia, que llega hasta nuestros días, de que “la cultura” y “la civilización” la poseen únicamente los habitantes de las ciudades.

No es de extrañar entonces que una de las conclusiones del doctor Mora fuese la siguiente:

“La agricultura mexicana –decía– hará considerables progresos luego que acabe de salir de las manos del indio nativo y pase a las manos del europeo”.


Esta fue una de las ideas que durante el porfiriato estimuló la política estatal de atraer inmigrantes extranjeros y ubicarlos en asentamientos a lo largo y ancho del país. Esta sigue siendo la política que ha propiciado el abandono del campo, el abandono de la agricultura campesina que hoy expulsa a millones de jóvenes mixtecos, nahuas y mestizos a los Estados Unidos. Estas son las ideas y esta es la política que está abriendo nuestra agricultura a la siembra de maíz transgénico proveniente de Estados Unidos, que de continuar pondrá en un serio riesgo las variedades de maíz que existen en México como país de origen, en cuyo territorio se comenzó a cultivar hace aproximadamente 8 mil años.

El Congreso del estado de Tlaxacala acaba de aprobar la prohibición para sembrar maíz transgénico, una loable medida en defensa de la economía y la cultura campesina que sería muy conveniente implementar en Puebla.''

Tomado de La Jornada de Oriente.

Monday, December 13, 2010

Saludos desde Illinois

Muchachos, apenas ahora tengo una netbook HP Mini para escribirles. La computadora Dell que tenía ya no sirve. Mi hija usa el otro netbook Asustek. Eduardo Aburto Astudillo, ya ha escrito notas interesantes sobre industrialización y los elementos financieros que se necesitan para pasar a la etapa capitalista.

Desde acá los mantendré ocupados.

La tarea para esta semana, es que escojan una industria de su interés y escriban sobre ella. Pueden usar la información del libro del Dr. Méndez.

Sunday, December 5, 2010

Industrialización y Miguel Alemán Valdés

``Con tanta mentira, ya no sabe uno si de a de veras van a hacer esa nueva acción entreguista, los contratos integrales de servicios. Claro, más vale que no la hagan, y que sea otra obra de pura saliva, pero eso sólo lo sabremos cuando las cosas hayan ocurrido… o cuando dejen de hablar del asunto, como pasó con el crudo superligero.

Parecería que las mentiras son un sello de este sistema como tal.''
Antonio Gershenson escribe hoy en La Jornada sobre los Contratos Riesgo de Pemex. Menciona el sexenio del Lic. Miguel Alemán Valdés, el primer presidente civil de México, después que terminó la Revolución de 1910, allá por 1920 más o menos. Hoy empezamos la Unidad 4 del libro del Dr. Méndez Morales.

En La Jornada también, hoy se reporta la opinión de los representantes de las clases sociales, que ya lo hacían desde tiempos de Alemán, sin llegar nunca a soluciones a favor de los trabajadores. Pueden leer la propuesta del Centro de Estudios Económicos del Sector Privado,aquí.

México pasó de sociedad rural a urbana a mediados del siglo pasado. Todavía recuerdo cuando iba a Huitzuco y no había agua corriente. El excremento humano en algunas casas era alimento directamente de los cochinos que esperaban que uno terminara de hacer en unos asientos de madera con un hoyo. Con el tiempo la casa cambió. Actualmente cuando voy, mi prima me tiene un bonito y amplio cuarto en el segundo piso. Debajo de esta estructura construida por mi sobrino, el arquitecto, antes estaban los utensilios del campo, y los corrales, donde las vacas y becerros de mi abuelo, Manuel Uriza Marbán, nos proveían de rica leche, crema, y queso. Ahora sé que mi abuelo aprendió de su padre, que a su vez aprendió del suyo, en una larga cadena que lleva a mis antepasados hasta Asia Central, donde un afortunado cambio genético nos dio la ventaja de poder consumir productos lácteos aún después de la niñez. Somos tolerantes a la lactosa. Nuestro idioma el español, proviene de los pueblos tolerantes a la lactosa; la rama indoeuropea, cuyo más antiguo representante que conozco es el Sánscrito.

``"Devas adadāt datás, Devas dat dhānās."''


`` "Dios nos dio dientes, Dios nos dará pan."''

Recuerdo que mi tío el General Rubén Uriza Castro, decía que Alemán fue el primer presidente que acumuló riqueza aprovechándose de una revolución en la que él no participó.

Mi tío el Capitán Abraham Castro Uriza, sí participó y fue Presidente de Iguala en 1947. Desde Rubén Figueroa Figueroa, se han apoderado del partido de la Revolución, gentes cuyos ancestros directos no participaron en esa guerra. El papá de Rubén Figueroa Figueroa, no fue revolucionario.

Tomado de IgualaOnLine

Empecemos pues con la Industrialización de México.


He mencionado un libro; ¿Hacia Dónde Vamos?, del Sr. José R. Colín. Como no he dejado ninguna tarea basada en este libro, ninguno de ustedes ha mostrado curiosidad en leerlo. Lo conseguí, como escribí entonces, porque mi papá trabajo con el Sr. Colín.

El Sr. Colín conoció al General revolucionario Cándido Aguilar Vargas, gobernador de Veracruz.

Empiezo esta sección con ese libro.

El Actual Reajuste Económico en México y sus Consecuencias:

Conferencia dictada en el Palacio de Bellas Artes, en el ciclo organizado por la Cámara Nacional de la Industria de Transformación, el día 3 de junio de 1947.


Señoras y Señores:

La cortina de humo con que se ha pretendido ocultar la grave situación por la que atravesamos empieza a descorrerse. Ya no es suficiente, y a menos que se intentara el procedimiento de la cortina de hierro, que no creemos llegue a emplearse, dentro de unos cuantos días oiremos decir a todo mundo que estamos en plena crisis económica. Es verdaderamente de lamentarse que la obra del señor Presidente de la República, licenciado Miguel Alemán, que se iniciara con el trascendental discurso del día de la toma de posesión, que se fortaleciera con las atinadas y decididas disposiciones de los primeros meses de su gobierno y que culminara con su magnífica actuación personal en el reciente viaje a los Estados Unidos, en el que pronunciara discursos de afirmación de su programa de gobierno tendiente a la elevación de los niveles de vida del pueblo mexicano, a la industrialización como medio de crear riqueza nacional, al rendimiento máximo de nuestra agricultura y a conservar para México una completa y auténtica independencia política, desgraciadamente, decíamos, es de lamentarse que mientras el señor Presidente estaba en los Estados Unidos se dieran en México los últimos toques a lo que iba a ser una bomba de tiempo lanzada al programa de recuperación económica nacional. Se iba a poner al régimen en el predicamento de tener que enfrentarse, dentro de los primeros seis meses de su existencia, a una crisis económica provocada, no por provocada y artificial menos dañina. Para estudiar esta situación con método, vamos a analizar las causas, los aspectos y las consecuencias de la presente pseudo-crisis para contribuir -- si los causantes de ella no se refugian en el Olimpo --, a que se encuentre una solución, contando con la decidida y leal cooperación de todas las fuerzas vivas del país, ya que no estudiamos este problema con el fin único de señalar los errores y de mortificar a los que lo cometieron, sino para que puedan ser corregidos y se evite causar más daños a la comunidad e infligir un verdadero quebranto a la economía del país.

El señor Presidente de la República merece la cooperación, no tan sólo del pueblo de México, el cual hace apenas unos cuantos días le dio una prueba de su adhesión, sino la cooperación de los funcionarios que colaboran con él, no tan sólo en la forma de una solidaridad aparente: ``el señor Presidente por aquí'', y el señor Presidente por allá''. No. lo que se necesita, es que los colaboradores del señor Presidente sean eficientes y que lleven a cabo el programa que el Presidente ha trazado y que merece el respaldo nacional, y si ellos no pueden acometer este programa, que no lo estorben ni obstaculicen mediante una labor que al final desvirtúe los propósitos delineados por el Primer Magistrado.

Y volvamos al estudio de nuestro problema.

Aparentemente, todo arranca del propósito de combatir la carestía. Hace poco más de un año, la situación económica en México amenazaba convertirse en caótica. A raíz del aumento del 25% en el salario mínimo, puesto en vigor el día 1° de enero de 1946, y como resultado del aumento de precios que siguió a este aumento de salarios, un sinnúmero de sindicatos plantearon movimientos de huelga para obtener, en un principio, una nivelación en los tabuladores, pues todos aquellos que tenían salarios superiores al mínimo no habían recibido aumento alguno y sí habían sido afectados por la carestía. El éxito obtenido en muchas de estas demandas motivó nuevos aumentos en los precios de los artículos de primera necesidad y se estableció una verdadera carrera de precios y salarios, causando grave agitación entre el movimiento obrero. Los ferrocarrileros no cesaban de efectuar ``paros'' aduciendo que éste era el único medio que tenían para hacerse oír y obligar al gobierno a intervenir evitando el alza de los precios. Como la agitación iba en aumento y la carrera de precios y salarios continuaba, un grupo de industriales, por mi conducto convocó a una Conferencia de Mesa Redonda entre Industriales y Trabajadores, para estudiar el problema de la carestía y detener la agitación que perjudicaba las buenas relaciones entre ambos sectores. La publicidad que obtuvo la Mesa Redonda tuvo por resultado un momentáneo apaciguamiento entre el movimiento obrero, que supuso que algo se iba a conseguir mediante el estudio conjunto del problema. Debemos de admitir que lo único que se obtuvo, además de la publicidad y el enfoque del problema, fue que el entonces Presidente de la República, general don Manuel Ávila Camacho, creara el Cosejo Nacional de Economía, integrado por representantes de las Confederaciones de Cámaras de Comercio, de Cámaras Industriales, Patronal de la República Mexicana, Nacional Campesina, Asociación de Banqueros, Cámara Nacional de la Industria de la Transformación, Centrales Obreras y Sindicatos Nacionales de Industria.

En el Consejo Nacional de Economía se trabajó infructuosamente. Nada de lo hecho en él dio por resultado el abatimiento de los precios. Lo único que se logró fue definir dos tendencias: la primera, representada por elementos de la Cámara de Transformación, de los trabajadores y de los campesinos, que sostenían la necesidad de aplicar efectivamente el control de precios, establecer el control de las importaciones, la prohibición de importar artículos de lujo, la canalización del crédito hacia actividades productivas y no especulativas, y una determinada y decidida intervención del Estado para evitar la especulación, el acaparamiento y el mercado negro. La segunda tendencia, sustentada por los otros sectores, capitaneados por el señor licenciado Carlos Novoa, entonces Presidente de la Asociación de Banqueros, afirmaba que la carestía sólo podría ser combatida mediante la libre competencia, la absoluta abstención del Estado de intervenir y las prácticas del más puro liberalismo económico.


El problema de los altos precios, sin resolver en lo más mínimo, fue herencia que recibiera el gobierno del señor licenciado Miguel Alemán, y los colaboradores del señor Presidente manos a la obra y se encararon con el problema.

Elucubraciones académicas, teorías de gabinete y la comodidad de poder seguir la línea de menor resistencia, hicieron que se adoptaran los procedimientos que en los Estados Unidos estaba siguiendo el señor Presidente Truman para abatir los precios. No nos interesa discutir las teorías y procedimientos del Presidente Truman en cuanto a los Estados Unidos se refiere. Pueden ser un éxito o pueden ser un fracaso. Eso es asunto que incumbe exclusivamente al pueblo americano y no a nosotros. Pero lo que sí nos interesa es estudiar el problema en su aspecto mexicano.

Mi Amigo José Narro Robles