En la tesis doctoral de Cañedo, que lleva por título: ``Educación Superior y Mercado de Trabajo: El caso de los egresados de la Universidad Autónoma de Guerrero'', podemos leer la conclusión.
VII Conclusiones de la Investigación.
VII.1 Economía y mercados laborales.
En la medida en que las transformaciones científicas y tecnológicas moldean las actividades productivas y las estructuras económicas de la sociedad mundial se va bosquejando una diferenciación laboral que marca cada vez más nítida y profundamente las características de la estructura del mercado laboral y las habilidades requeridas para la inserción de los profesionistas en éste. Dichas transformaciones tienen que ver con el evidente proceso de terciarización de la estructura económica de nuestros países en el marco de la globalización internacional que muestra tendencias productivas convergentes.
Por un lado, se percibe el cada vez mayor control de la reordenación de los procesos productivos desde los grandes centros industriales del mundo desarrollado, esto es, de las potencias económicas, que provoca que las economías llamadas subdesarrolladas tiendan a reducir cada vez más su costosa producción industrial-artesanal-básica, pero más aún agrícola, intensiva en mano de obra, en favor de la importación de aquellos productos intensivos en capital, o bien la sustitución de la producción total de bienes finales por la producción de maquila. Las repercusiones en el mercado laboral para profesionistas al interior de los países subdesarrollados son evidentes. La mano de obra de alta calificación tecnológica tiende al proceso de migración hacia dichos centros de producción industrial y agrícola de alta tecnología , mientras que los sujetos menos calificados o aquellos que no tienen las condiciones para salir del país, se quedan, en el mejor de los casos, en las empresas filiales como reproductores de las tecnologías industriales desarrolladas en el exterior con muy pocas posibilidades de innovación interna. El caso del sector agrícola en el tercer mundo es todavía más drástico. Sus altos costos de producción hacen inviable la producción de la mayoría de cultivos nacionales y la absorción de mano de obra calificada, profesionistas, es extremadamente baja y sigue una tendencia negativa. En el año 2000 el sector agrícola de México absorbió el 1.45% del total de profesionistas empleados y el minero sólo el 0.18%, como se mostró en el análisis contextual de este trabajo.
Así, el proceso de reordenación y relocalización geográfica de la producción como efecto de procesos tecnológicos más ``finos'' e intensivos en capital impactan directamente, entre otros espacios, la estructura y calidad del mercado laboral para profesionistas e indirectamente, aunque en menor medida, la orientación de la formación universitaria.
Por otro lado, pero siempre en la misma lógica, esta reestructuración de los procesos productivos no sólo reduce los espacios propiamente de producción material de bienes y la cantidad de mano de obra utilizada en los mismos, redefiniendo con ello el perfil del empleo, sino también amplia el espacio de la producción de servicios, particularmente el comercial, el financiero y el de las comunicaciones, sectores en los cuales nuevamente las empresas de los países altamente industrializados son hegemónicas. Estos sectores experimentan una expansión geográfica cada día mayor, y aunque cada vez son más demandantes de profesionistas, dado que la amplia oferta de mano de obra calificada es más que proporcional al aumento de su demanda (Hernández Laos - 2005, p. 111-, lo denomina situación de desbalance dinámico) cada día se requiere de mejores credenciales académicas para insertarse en los mismos puestos de trabajo con los mismos salarios.
Esta terciarización de la economía también se expresa en la expansión de las ramas de servicios turísticos para aquellos países o regiones con potencialidades naturales, de tal suerte que esta actividad absorbe la mayor parte de la mano de obra profesional de las regiones poco desarrolladas, incluso no industrializadas, pero con vocación turística, no obstante que en este contexto actúan como economías de enclave, esto es, con poco efecto multiplicador, en términos de la distribución de la riqueza y del desarrollo regional.
De esta manera, habría que aclarar que los sectores comerciales, turísticos y de servicios, absorbieron también una gran cantidad de mano de obra no calificada, pero fundamentalmente como vendedores ambulantes, de alimentos y bebidas en micronegocios y en el autoempleo.
Los efectos de la globalización que provoca esta dualidad de la actividad económica mundial es diferencial entre países desarrollados (con avances sistemáticos en ciencia y tecnología y sus respectivas repercusiones en el mercado) y países subdesarrollados y crónicamente dependientes (maquiladores, oferentes de mano de obra barata), ya que el primer grupo de países, los desarrollados, reduce la brecha entre pobre y ricos a través de la formación de capital humano, y en el segundo grupo de países, los subdesarrollados, profundiza dicha brecha expulsando la mano de obra, no calificada, del campo a los centros urbanos y al exterior y, con ello, precarizando el trabajo de las zonas en las que se asienta dicha migración. Esto ha provocado un bajo crecimiento medio de la productividad del trabajo al no lograr un suficiente crecimiento del producto total de los factores en los países subdesarrollados, pues éste es producto residual de la asimilación de nuevas tecnologías no incorporadas en los bienes de capital, en términos generales, en la economía nacional, a pesar del crecimiento alcanzado posterior a la década de los ochenta (la llamada década perdida para América Latina).
De hecho, el proceso de transformación de una economía cerrada a una abierta, o sea, de un modelo de industrialización vía sustitución de importaciones a un modelo secundario exportador, si bien acrecentó la importancia de las manufacturas también estimuló la concentración en algunas ramas sectoriales, y de forma sensible estimuló la importación de bienes intermedios ligados a dicha producción manufacturera, y marginó el necesario desarrollo del sector primario, poseedor por cierto de una parte muy importante de la ocupación en el sector tradicional o no capitalista de la economía. Así, una economía dual como la mexicana se caracteriza por la existencia de mano de obra excedente, concentrada el sector de subsistencia.
El efecto de este proceso en el mercado laboral de profesionistas es también contradictorio. Por un lado, los niveles salariales de los profesionistas ocupados en los sectores modernos de la economía se ven incentivados hacia el alza y, por el otro, se reduce, en términos relativos, los empleos profesionales decentes, exigiendo en ambos casos, mejores credenciales y habilidades para dichos puestos de trabajo. Sin embargo, sólo para los puestos profesionales no directivos existe un constante deterioro de su calidad, esto es, empleos precarios con bajos salarios, inseguros, y con pocas perspectivas de desarrollo profesional. La diferencia medida como salario manufacturero/salario mínimo en México fue de 360% en 1990, y para el año 2000 dicha diferencia fue de 720% (Hernández Laos, 2005, p. 124).
En efecto, lo que vamos a percibir es una reforma laboral, legal y de hecho, acorde con la apertura comercial y de capitales en nuestro país. Los sectores capitalistas, y en particular los más dinámicos identificados por su sesgo hacia el cambio tecnológico y a la inversión extranjera directa, por ser intensivos en capital físico y humano, tienden a incrementar su demanda de mano de los profesionistas, que en un momento determinado pudieron haber impulsado los salarios hacia arriba (generando con ello rigideces de oferta), sin embargo, la necesidad de las empresas de ampliar su competitividad ha desembocado en la exigencia, y puesta en práctica, de una flexibilidad numérica, funcional y salarial de las relaciones laborales buscando un incremento de la productividad media del trabajo.
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