VII.2 La teoría del capital humano y la calidad de la universidad.
Ante este panorama la teoría clásica del capital humano debe reconsiderar su persistencia en una formación académica más o menos desligada de la atención del marco familiar y de las condiciones de formación extrauniversitarias en la definición de la empleabilidad de los egresados universitarios. Las expectativas de una mejor calidad de vida profesional generadas a partir de la acumulación de habilidades y credenciales del sector universitario se enfrentan a un mercado laboral no competitivo, en el sentido económico del término, ya que el libre juego de las fuerzas del mercado laboral, llámese oferta y demanda de mano de obra, se ve vulnerado por los demandantes al exigir e implementar medidadas extraeconómicas para ervitar el alza de salarios (el precio del trabajo en la teoría marginalista), y que en nuestros países conocemos como flexibilización del mercado de trabajo.
Aquí es donde se recupera el planteamiento de la teoría de segmentación de mercados laborales. Para ella, como se apuntó en el marco teórico de esta investigación, en particular la que se refiere a la segmentación del mercado laboral por razones tecnológicas planteada por Piore (1975), la tecnología determina las características del trabajo y éste a su vez las del trabajador y que el progreso técnico crece con la división del trabajo está acotada por el tamaño, la certidumbre y la estabilidad del mercado. Así se generan estructuras ocupacionales discontinuas como base de la segmentación del mercado laboral, diferenciándose de acuerdo a la estructura industrial de las economías desarrolladas, subdesarrolladas y del mercado de trabajo en sí. Bajo esta perspectiva teórica se considera que la escolaridad formal antes del empleo es de poca importancia en el proceso de adquisición de especialidades , como lo observamos en los resultados del modelo de ecuaciones estructurales que presentamos y en el que se aprecia claramente las fuentes independientes que dan lugar a una calidad determinada del empleo profesional, y que es precisamente la experiencia laboral la que proporciona el mayor peso, con respecto al capital humano definido por la escolaridad, para asignar dicha calidad de empleo.
Las credenciales universitarias, entonces, son indispensables para la participación en el mercado laboral para profesionistas, son el distintivo que permite a los empleadores tener un primer filtro para la selección de los cuadros que contratará.
Como institución, la universidad juega el papel de reproductora del sistema de clases, ya que permite el acceso a aquellos sujetos dotados de los requerimientos para cursarla, como las condiciones socioeconómicas, de aprovechamiento escolar y de movilidad; recordemos que para el caso de México en el 2005 sólo el 20.8% de la población entre 20 y 24 años se encontraba estudiando, mientras que para el estado de Guerrero sólo lo hace el 17.3%, siendo con ello evidente que fundamentalmente los jóvenes de las zonas urbanas, y que se encuentran en familias con las mejores condiciones económicas, son los que ingresan a este nivel educativo. De esta manera, la universidad tiene un rol especial que Bourdieu y Passeron (1998, pp. 224-225) esclarecen:
Delegando siempre del modo más completo el poder de selección
a la institución escolar, las clases privilegiadas parecen abdicar,
en beneficio de una instancia completamente neutral, del poder
de transmitir el poder de una generación a otra y renunciar así al
privilegio arbitrario de la transmisión hereditaria de los privile-
gios. Pero, mediante sus sentencias formalmente irreprochables
que sirven siempre objetivamente a las clases dominantes, porque
no sacrifican nunca los intereses técnicos de estas clases más que
en beneficio de sus intereses sociales, la Escuela puede mejor que
nunca y, en todo caso, de la única manera concebible en una so-
ciedad que se reclama de idelogías democráticas, contribuir a la
reproducción del orden establecido, porque logra mejor que nunca
disimular la función que cumple.
Una vez en la universidad, la selección continúa. El capital cultural del individuo juega un papel fundamental en el sentido de definir el tipo de carrera a cursar, según su historia familiar o su horizonte conocido. Según Bourdieu (1998, p. 140)
Entre las informaciones constitutivas del capital cultural here-
dado, una de las que más valor tienen es el conocimiento práctico
o intelectual de las fluctuaciones del mercado de las titulaciones
académicas, el sentido de la inversión que permite obtener el mejor
rendimiento del capital cultural heredado en el mercado laboral o
del capital escolar en el mercado laboral.
Además el sujeto con mejores condiciones de capital cultural, léase padres con mejores niveles escolares y laborales, tenga la oportunidad de una mejor comprensión del lenguaje académico de este nivel educativo, de tal suerte que la diferenciación de la calidad entre los egresados respecto a su futura actividad laboral, se exprese no sólo en términos de calificaciones escolares sino, y fundamentalmente, a partir de ``la gran cultura'' que por nacimiento poseen y que madura en la institución escolar por medio de la arbitrariedad de la cultura académica, puesto que ``su validez proviene únicamente de qué es la cultura de las clases dominantes'' (Bourdieu y Passeron, 1998, p. 9).
Es evidente que el capital cultural, referido a su estado incorporado, está directamente relacionado a lo individual y representa lo que hemos podido asimilar y lo que podemos hacer por nosotros mismos, y que se verá incrementado por la inversión en tiempo para el mejoramiento de las formas de aprender. Así, existe un doble juego, muy complejo por cierto, que define las posibilidades directas que la familia y/o el medio social en general, generan para la formación del sujeto y, por otra, las habilidades y capacidades propias del individuo que le permiten aprovechar las herramientas que el medio social le proporciona . Diferenciar un aspecto del otro es, tal vez, uno de los principales problemas que se le presenta a toda investigación educativa actual. Los trabajos referentes a este punto así lo plantean, particularmente el realizado sobre ingresos con gemelos monozigóticos y el de las diferencias entre calidad escolar y ganancias de Heckman.
La pregunta sería:¿cuál es el espacio diferencial entre el capital cultural y la formación escolar, propiamente dicha, de las personas? Se considera que a final de cuentas el capital humano está subsumido en el capital cultural del sujeto, por ello mismo el capital humano, por sí solo, no puede ser el determinante de la asignación del empleo, como lo pudimos apreciar en esta investigación, toda vez que aspectos extra-académicos, como la experiencia laboral y la pertenencia a un sector de clase social determinado, y todo lo que ello conlleva, condicionan el perfil laboral del sujeto y su empleabilidad.
No comments:
Post a Comment