Monday, January 24, 2011

Conclusión de la Tesis de Roberto Cañedo Villareal: 3 de 4

VII.3 Calidad de vida profesional.

En efecto, como en todo fenómeno social, el espacio azaroso que participa en la definición de los factores asociados a él es muy amplio, pero también es cierto que la calidad del grupo de definiciones causales azarosas se diferencia a partir de las posibilidades planteadas por las características del individuo. No es posible tener la probabilidad de un buen empleo si no se tienen las credenciales adecuadas para ello. No se puede pensar en la movilidad social sin tener las habilidades y capacidades para ello.
 Amartya K. Sen ya lo advertía en su disertación sobre los factores promotores de la calidad de vida, al plantear que las realizaciones alcanzadas por una persona deben evaluarse en términos  de su conjunto de  capacidades de realización, o lo que él llama su libertad de bienestar. Lo que importa es la libertad real de la persona . El criterio de justicia ha de ser la igualdad de capacidades. Así, el abanico de posibilidades de realización que nos presenta la vida para seleccionarlas debe ser igual para todos, al menos como una política de Estado para la sociedad, no sólo en el sentido de que estas posibilidades estén presentes objetivamente, sino  también subjetivamente, esto es, en las posibilidades culturales del individuo para seleccionarlas.
 Como aquí se ha mostrado, la fuente directa y principal de definición de la calidad del empleo para los egresados universitarios es su experiencia laboral anterior y su desempeño personal como un indicador de sus capacidades y habilidades. Pensar, entonces, en el mejoramiento de de la calidad de vida de los profesionistas pasa por garantizar una previa y sólida experiencia laboral antes de egresar. Universidad, Estado y sectores económicos tienen la tarea de construir los andamiajes adecuados para ello. A la Universidad le corresponde abrir en sus planes de estudio los espacios y la infraestructura para incorporar  no sólo el servicio social y las prácticas profesionales de acuerdo a cada perfil del estudiante sino, fundamentalmente, buscar y suscribir los convenios de formación en el trabajo con el Estado y los sectores productivos. El Estado debe aceptar los convenios propuestos por la Universidad para incorporar en las prácticas profesionales a los estudiantes, pero además, deberá fungir como un promotor de programas ad hoc que faciliten y hagan atractivos este tipo de convenios, tanto para los empresarios como para los estudiantes, inclusive, y si es necesario, con su subvención en algunos casos, voluntad política y legislación de por medio. Los empresarios deberán tener claro que la mejor calidad de los empleados, y por ende de mejores niveles de productividad y ganancias para ellos, es su responsabilidad. Si la Universidad tiene la responsabilidad de la formación profesional, ésta es necesariamente abstracta e integral, necesaria no sólo para formar mano de obra, sino ciudadanos, el Estado tiene la obligación de proveer los recursos necesarios para el buen funcionamiento de la universidad y de su relación con la sociedad en el corto, mediano, y largo plazo. La responsabilidad empresarial, entonces, es tan importante como la de las dos instituciones anteriores, al menos en el terreno laboral, la formación específica para el empleo no debe ser un gasto de la empresa, sino una inversión, por ello deben quedar establecidos, normativamente y para todas las empresas, los espacios de formación para el empleo y formación continua dentro de cada empresa, tanto para los estudiantes universitarios como para los empleados en activo. La calidad de vida del profesionista debería ser un objetivo social, ello redundaría en bienestar para todos.

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