VII.4 El ser humano como un ser ontocreador con base en el trabajo no alienante.
El ser humano se ha creado en el trabajo y el trabajo emerge y evoluciona en el ser humano. Verdad que , sin embargo, refugia cuestionamientos acerca del ser humano del que estamos hablando y del trabajo al que nos referimos. Existe, en diferentes grados, el ser humano libre, justo y solidario, pero también el egoísta, injusto, y alienado. Existe el trabajo creativo, gratificante, decente, pero también el monótono, repulsivo y precario.
Pero, precisamente porque el ser humano es un ser ontocreador con base en el trabajo, es de singular importancia definir claramente que el tipo de ser humano al que aspiramos es el ser humanizado, solidario, justo y libre, y que el trabajo que perseguimos está fuera de la alienación, que es creativo, reconfortante y decente, sólo así ser humano y trabajo se diluyen y se disocian positivamente, humanamente, en un ir y venir dialéctico.
Esta visión, evidentemente teleológica, no pretende estar apartada de la cientificidad de nuestra investigación. La sociedad no se construye o ``evoluciona'' de forma natural, la construimos los seres humanos bajo intereses, individuales y de grupo, más o menos evidentes, así es que lo que le suceda a nuestra sociedad será responsabilidad nuestra, no de la naturaleza.
Que el mundo pueda ser de otra manera, diferente al mundo del desempleo o del empleo precario, es de hecho una utopía, pero de la persecución de las utopías se han podido lograr las mejoras, tal vez parciales pero al fin mejoras, de nuestras sociedades. Por todo ello, el trabajo decente, con todo lo que ello implica, no sólo es un fin deseable sino un proceso continuo de humanización de la sociedad cuando avanza por ese camino, y de desarrollo, y no sólo de crecimiento, de nuestros países.
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